El apodo

Hay que vivir eternamente “de agachado” para pasar sin pena ni gloria por mi tierra y evitar que la chercha ambulante o la crítica, que sabe cómo y cuándo caerte encima, el día menos pensado, no te arremache un apodo.

Es que esta gente mía es única y aquí no se escapa nadie y desde un letrado profesor López, hasta una mujer poco agraciada con caminar desaforado, todos, toiticos son bautizados con un singular apodo.

El primero, por preguntar por unas papas con un acento foráneo le redujeron el interrogante en su eterno apodo: “Papayí” y a la segunda, mejor ni les cuento como le decían, no vaya y sea que la moral me descuartice y termine la susodicha entropelá y, de paso, también con apodo.

La causa puede ser un defecto físico o un atributo notable,  como los ojitos claros que  más rápido que inmediatamente da paso a los apodos de felino; es por ello que  de  “la gata”, hay un pocotón, como de flacas, hay las María palitos, que vienen hasta con su verso incorporado: “María palito me convidó, a comer plátano con arroz y yo le dije que no quería, porque en mi casa también había”.

De gordos hay cochinitos; de negros, quemaitos, de blanco, hay sangre e’ yuca,  los menores son bordón o Vejé, y hay por ahí algunas “Únicas” como también los hay repetidos.

De la nobleza ni hablemos, porque reyes y condes también tenemos.

La fauna nos dio de todo: perros y gavilanes, tigre, conejos, macacos, burras, boas y hasta un caracol.

De la flora hay es un jardín, un reino vegetal completo, lleno de ñames y papa y hasta torombolo, piña y caña dulce y no me extrañaría toparme un día por ahí a una papaya.

El canto de un pollito nos regala  Píos y Pías,  aquí no se escapa  nadie, todos tienen su “tenga”, hasta el apodo  de tu mamá, de segundo  nombre te lo sirven, como un Caina, Budy y Piji, enganchados a mis entrañables amigos en honor a sus progenitoras.

Y donde me dejan la posesión del marido hecha apodo, Meme de Juaco siempre fue, hasta al fin de sus días, así como también lo fue Chave de Ancisar y de Balí lo fue Silvia.

La vaina es tan notable, que yo les debo admitir, que he conocido personas por años, amado, olvidado y recordado, siempre por su apodo, sin saber aún y hasta la fecha, su verdadero nombre de pila.

Sé que muchos desconocen el nombre  de tantas Nenas y no imaginan ni remotamente como se llama una siempre sonriente Monona.

Así somos y seremos, hasta el fin de nuestros  días, y si canas ya te salieron, pues ahora te llamarán tía.