Elegir políticos para que gobiernen los técnicos (2)

Siguiendo el hilo conductor del anterior artículo, la preocupación de este escrito es indagar cual es el origen y cuál es el proceder de las decisiones públicas, dicho de otra forma, esclarecer si son los políticos o son los técnicos quienes están gobernando. En forma prescriptiva, se podría pensar que los técnicos y los medios, están al servicio de los políticos o de las instituciones. 

Pero esto no está ocurriendo. La supremacía de la tecnocracia, de los medios en lugar de los fines, es la regla no la excepción.

Dentro de las organizaciones del sector privado este no es un hecho problemático, en el sector estatal esta manifestación necesariamente amerita un examen. Pues la misión y función del Estado es articular procesos políticos, sociales y económicos. 

Debe señalarse que, con el desarrollo de herramientas, máquinas y aplicaciones informáticas, el Estado será más inaccesible para el ciudadano y esa idea de democracia será cada vez más lejana y difusa. Si la tecnocracia es cada vez más perfecta para qué descentralizar.

Sin más ambages, la tecnocracia es una amenaza para el desarrollo democrá- tico del Estado colombiano. Mediante la creación de una brecha, entre la tecnocracia estatal y el resto de la ciudadanía. 

De la misma manera otro aspecto que se debe mencionar es la formación de una subcultura de la tecnocracia al interior del sector público. De esta manera los tecnócratas sobrevaloran lo cuantitativo, centran las decisiones en el desarrollo en las estadísticas, consultan autores en común, coinciden en la referencia de universidades y tanques de pensamiento, sobreestiman el uso de las herramientas de las tecnologías de la información y comunicación. 

Dentro de esta cultura predomina un alto culto a las finanzas públicas, a la vez que comulgan dogmas sobre el manejo de los recursos del Estado, fundados en los dominios técnicos. La mayor parte de los tecnócratas no son científicos, además de tener el conoci- miento siempre tienen la razón. Pero no la razón en el sentido cartesiano o kantiano del término. Así, ni deducción ni ética. Contrario al paradigma de gobierno que dirigió al país durante muchos años, centrado en el derecho, el cual exigía una lógica argumentativa. 

Tienen la razón porque sus apreciaciones se fundamentan en los manuales que adquirieron en su formación profesional. Como lo señala el profesor Luis Javier Orjuela el resultado del avance de la tecnocracia “es una crisis de legitimidad, en la que la tecnocracia desplaza a la democracia como forma de coordinación y adopción de decisiones sociales”. De esta manera, no hay tu tía que valga.

Pero también, podemos oponernos a esta forma de concebir el ejercicio político, de dejar que sean otros los que definan que debe hacerse, cómo debe hacerse y hacia dónde debe irse. 

La rutina burocrática que por lo menos tranzaba, quedó atrás. No obstante, la ciudadanía no puede ser solo una cédula. La ciudadanía es el ejercicio de deberes y de derechos que reclama expresión, participación – ahora participación incidente-, intervención y desde luego decisión.