Los dichos y dicharacheros de mi pueblo sanjuanero

Es muy común en los pueblos de la provincia, mantener el hábito de conversar con términos muy comunes e inusuales en el argot popular. En San Juan del Cesar, mi tierra, se habla con un cantaito que amaña y con el acento propio del provinciano, y se mantiene una conversación agradable y amena, con un marcado acento pueblerino, dejando entrever las ocurrencias de tu contertulio.

Para hacerlo se utilizan dichos del caribe y el país, o se acude a los dichos criollos y propios del pueblo, producto de la creatividad secular de la población y arrancados del diario acontecer.

Pero aquí se mantiene el hábito de conversar en serio o en bromas, para hacerle la vida más grata a los demás y mantenernos informados con la picaresca propia de nuestra idiosincrasia.

Porque en nuestro pueblo sanjuanero, quien no corre vuela o se queda rezagado con la imaginación de sus dicharacheros en las esquinas o en las redes sociales. Porque En San Juan, a lo hecho, pecho, y hasta los errores se defienden con la fuerte convicción de tener criterio propio para entregar el corazón como es nuestra costumbre.

Del mismo modo se dice que, no hay mal que por bien no venga, porque todo mal trae su medicina y su receta. Igualmente, se mantiene la creencia desde nuestros abuelos de que a quien madruga, Dios lo ayuda, porque proceder de la más alta pureza del campo, significa ser madrugador y recibir las auroras con la disposición de trabajar para ganar el sustento. Y así es mi pueblo, pese a la profunda maduración interior de las familias, quien la hace la paga, y aún se actúa ojo por ojo y diente por diente, y a rey muerto, rey puesto, para no quedarse llorando el príncipe azul sobre la leche derramada.

Pero el sanjuanero es hombre de palabra, y quien le empeña la palabra, es como si le empeñara la vida, cuando se cumplen los plazos de un compromiso, no hay espera y se dice, eso es lágrimas sobre el cadáver y saliendo el payaso y soltando la risa, porque después de árbol caído no hay magníficas que valgan. También se justifica la pobreza y la humilde conformidad de algunos paisanos, alegando que, en casa de herreros hay cucharas de palo para comer. Del mismo modo, para referirse a los hijos que nacen igualitos a sus padres, se dice que, hijo de tigre sale pintao y hay que buscarles la pinta al nacer.

Pero a la picaresca del pueblo le suman el chisme, el cuento y el run run de la lengua sanjuanera que se dedica a comer prójimo, estos dicen que, puerca pollera nunca pierde el vicio, y que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda, refiriéndose a la esencia de las personas desviadas de la sana doctrina y que los quieren rehabilitar o resocializar.

Así mismo, se oye decir que, quien tenga rabo de paja no se meta a la candela porque se quema, refiriéndose a las personas con máculas en su hoja de vida para exponerse al escarnio público moralmente. También se señala que, ese no sabe lo duro que muerde el maco, para señalar que hay personas sin experiencia que se enfrentan a la dura realidad sin conocerla.

En ese mismo orden de ideas dicen que, el muerto al hoyo y el vivo al baile, porque ellos no se entierran con los amigos, sino que los acompañan hasta su última morada, porque más sabe el diablo por viejo que por diablo, haciendo gala de su experiencia por la escuela de la vida.

También es común escuchar, que hoy se come ensaladas de cruces y silencio de quijadas, para afirmar que no hay nada para la comida del día. Entonces se anuncia que, hay que hacer de tripas corazones, para acudir al ingenio hasta resolver las necesidades y problemas, entrando con pie derecho al nuevo día. Si no, apaguemos y vámonos, porque no hay tu tía, ni para qué insistir, lo que fue, fue, y la suerte está echada.

También se dice en mi pueblo que todos los pájaros vuelan, pero no cantan iguales. Que el bosque sería solitario si solo canta el ave que lo hace mejor, y por eso, impedir que un poeta haga su canto es ponerle cerrojo a una ilusión, y todo lo bello y lo exótico del pueblo se exhibe en su festival donde se tira toda la carne al asador con el talento de sus dichos y dicharacheros.