Celebrar la vida

Hoy quiero dedicar mi columna a una oda a la vida, la cual no debe valorarse cuando nos sentimos vulnerables o aprisionados por la muerte, sino siempre, la vida es un milagro que se nutre de momentos: respirar, caminar, soñar y crear son privilegios que no se pueden dejar apagar por el trajín cotidiano, la desesperanza aprendida o el despiste de lo esencial.

Hoy celebro mi vida, cumplir años en cualquier tiempo (no solo en tiempos de pandemia) es un honor que se debe celebrar con la magnitud de milagros poderosos, vivir conscientemente, hacernos protagonistas y no participes ocasionales de nuestra existencia; respirar, caminar, amar, perdonar, creer, crear y revolucionar nuestro paso por este mundo, reconocer que somos más que materia física, que tenemos poderes intangibles propios de los seres espirituales, porque eso somos, seres de espíritus libres y fuertes, que acumulando pensamientos negativos y autosaboteos nos condenamos a somatizar muchas enfermedades que afectan la salud mental y física, y nos alejamos de la esencia poderosa que tenemos.

Hoy quiero llevarles a ustedes una invitación a ha- cernos conscientes de nuestro ser, de lo que somos, anhelamos y podemos lograr, para ello diré que en el pasado tuve episodios de profunda desesperanza y con un marcado pensamiento “perfeccionista” que me impedía sentirme satisfecha y por ello siempre veía el panorama adverso y no las oportunidades, lo peor era que avanzaba en la vida normalizando esos imaginarios sociales y conductas dañinas en sí mismas, lapidaba mi espíritu como si eso fuera un juego y debieron pasar varias cosas, duelos familiares, tumores, tusas, presiones y lo más importante, mi decisión a cambiar, a ser más bondadosa conmigo misma, coherente con las causas que lidero, a enamorarme de lo que soy, con errores y fisuras, amarme, consentirme y ver como muchas luces se encendían iluminando mi camino, es decir, era yo misma quien apagaba dichas luces y hacía más difícil el camino.

Celebrar la vida es enaltecer el alma y no esperar el miedo de una pandemia que nos amenaza con morir o perder seres queridos, es encontrar el universo interno que tenemos, permitirnos ser felices, agradecer, sembrar y recoger; amar y amarnos, respetar y respetarnos hace parte de una activa y genuina celebración. Si estás leyendo estás letras, no es por casualidad, eso lo puedo asegurar, así que te invito a que te apropies con libertad de lo que consideres que debes aplicar a tu vida, dedicarte tiempo, consentirte más, respetar el descanso, perdonar, alivianar de toda carga tu ser, lo que consideres pero hazlo, tienes el mayor milagro que el Universo puede darte –la vida– no te estoy invitando a que niegues los problemas o las dificultades, sino a que hagas consciencia de que cuando cambiamos el contexto cambia, aunque las circunstancias sean complicadas, si tu cambias lo demás también, puedes incluso ver las oportunidades que antes no y obtener aprendizajes porque lo más importante de todo lo que se vive es abrazar aprendizajes, eso lo vale todo.

Celebra la vida, dánzala, abrázala, cuídala y dale el sentido suficiente para que lo cotidiano y aparentemente ordinario sea extraordinario y poderoso. Les regalo estas palabras desde el amor, la creencia en el autocuidado y la gratitud, bendito 2 de diciembre que me vio nacer y benditos todos los días que me permiten ser y hacer, pensar y existir, soñar y lograr, sentirme agotada y recomenzar, cambiar tristezas y frustraciones por nuevas metas, reinventarme y empoderarme de existir.

Que viva la vida, que viva tu vida y que la reseca muerte no nos encuentre sin haber hecho lo suficiente, a vivir, que esa es la mejor oportunidad que tenemos de vibrar al máximo.