El transitar exitoso de un ídolo de la música vallenata llamado Silvestre Dangond

El ídolo de la música vallenata Silvestre Dangond Corrales, para llegar a la cúspide donde se encuentra hoy, tuvo que transitar por caminos pedregosos. El éxito solo se alcanza después de varios fracasos y Silvestre Dangond lo ha logrado de manera brillante sin arrugarse jamás de todo lo que sucedió en los inicios de su carrera musical. 

Varios de sus amigos me han comentado todo lo que le tocó pasar para llegar a donde está. Recuerdos como su corta estadía en Bogotá, cuando su padre William Dangond Baquero, le tocó laborar en un casino y vivían por la calle 26 con su esposa Delis Corrales y sus dos hijos Silvestre y ‘Cayito’. Luego se trasladaron a Valledupar, residenciándose primero en la plaza Alfonso López en el edificio de Videos Colonial, allí vivieron en el segundo piso y su padre William Dangond le colocó el nombre de ‘El Palomar’. Me cuenta su hermano del alma ‘Coquito’ Maya que ya con la fama quiso comprar este edificio como un buen recuerdo pero no se lo vendieron. Luego uno de los hermanos Dangond de William, conocido en el mundo artístico como ‘El Palomo’ les donó un lote que queda al frente de la terminal de Valledupar y allí Delis colocó un puesto de comida criolla y luego su padre lo transformó en venta de bebidas y le colocó el nombre de ‘El show del palomo’ donde la ayudaban sus dos hijos Silvestre y ‘Cayito’. En ese puesto de comida ya Silvestre comenzaba a soñar de lo que quería ser en el mañana.  

Uno de sus amigos me comenta esta anécdota: que estaban en una reunión en Valledupar y uno de sus paisanos mucho mayor que él, Jesús Liñán, le prestó una “motico” por dos horas y Silvestre se demoró seis, lo que le molestó a Jesús y expresó estas palabras: “le presté la moto a Silvestre por dos horas y ya van seis, a lo que llegue le voy a dar una fajonera por el lado de la hebilla”.

Cuando llegó Silvestre lo primero que hizo fue abrazarlo y agradecerle por el favor y lo que hizo fue colocarle el fajón en el cuello a Jesús Liñán. Ahí, Silvestre ya andaba soñando con su música y demostrando a temprana edad ese carisma y ese cariño que no lo ha cambiado para nada. 

Pasado unos años, se entera que Fabián Corrales iba a grabar en Bogotá y él ni corto ni perezoso, se da a la aventura de irse para la capital a escuchar a Fabián Corrales en los estudios de grabación.

Cuando Fabián se entera de esto, no le gusta para nada. Fabián Corrales en esa época le decía a Silvestre “la chiva” pero el sobrenombre era “La chiva de Jericó” que le colocó uno de sus tíos queridos, quien lo apoyó como fue Carlos Mario Vargas Baquero por un disco que estaba de moda que había grabado ‘Beto’ Zabaleta.

Cada vez que Fabián iba a los estudios a grabar, lo primero que preguntaba era que si estaba Silvestre ahí, no cantaba. Pero no era por nada malo, sino que Silvestre ya quería meterse en la dirección de la grabación de su primo Fabián.

Pero Silvestre siempre llegaba temprano a los estudios de grabación y ante los requerimientos del artista de ese momento, le tocaba con su pesar abandonar los estudios de grabación. 

Todo esto no fue óbice para que Silvestre se sintiera frustrado de la vida, al contrario, ya soñaba con grabar un álbum.  Busca primero al ‘Coco’ Zuleta con quien cantó varias parrandas, pero para la grabación o se le escondió o no le paró bolas, luego busca al rey vallenato ‘Chemita’ Ramos y también con él encuentra una respuesta negativa, parece ser que por recomendación de la familia de ‘Chemita’, que le dolió mucho a Silvestre. 

Finalmente, ante las buenas relaciones en Bogotá de su tío Indalecio Dangond Baquero, logra que los estudios Sony Music acepten su propuesta, y con la dirección de la producción musical de Felipe Peláez graba dos sencillos: ‘La de los ojos claros’, de ‘Lucho’ Alonso y ‘Yo no quiero estar penando’, de Felipe Peláez.

Más tarde logran contactar a Román López, sobrino del Rey de Reyes, Alvarito López para grabar su primer LP, ante la corta edad de Román, su tío Alvarito  fue como su padrino en esta grabación, como director artístico estuvo Felipe Peláez, a quien Silvestre en sus inicios le debe mucho en su despegue musical. 

En las bodas de plata del Festival Cuna de Acordeones, en el año 2003 siendo el suscrito presidente ejecutivo, no dudé en contratarlo en la inauguración que paradojas de la vida, compartió tarima con Fabián Corrales. Su presentación fue un éxito total ante una plaza Bolívar llena a reventar.  

Después vinieron los éxitos de todos conocidos por Silvestre Dangond en el mundo vallenato, quien se encuentra en la cima o cúspide de su carrera musical. La mejor muestra son dos Grammy Latinos y el último que ganó con su producción musical ‘Las Locuras Mías’ fue lleno de emociones, cuando Silvestre recibió la estatuilla en el recinto de Las Vegas en Estados Unidos.