‘Chelalo’ Molina, compadre de los Zuleta

La palabra compadre, según mi concepto, viene de compartir una gran amistad al lado del otro amigo que se buscan por aprecio, confianza para el calor humano como padre o hermano.

Los compadres de andanzas en parrandas a veces se tienen más afectos que los propios compadres de sacramentos.

‘Chelalo’ Molina (q.e.p.d.) era un hombre humilde, trabajador, alegre, buen amigo, parrandero y gallero, cafetalero de cepa, compadre del viejo Emiliano Zuleta Baquero (q.e.p.d.), padre de la dinastía Zuleta, una de las más importantes de la música vallenata.

A la llegada de la sierra, los dos alegres compadres ‘Chelalo’ y el viejo ‘Mile’, los fines de semana se buscaban el uno al otro (santo queréis misa) para compartir momentos de alegría para divertirse en una parranda programada desde los caminos de la sierra.

La cita con los amigos era en el barrio El Cafetal, en la casa del compadre ‘Chelalo’, cerca al Gool.

Cada uno tenía su espacio en el ritual social para animar la parranda. El viejo ‘Mile’, verdadero juglar, tocaba acordeón, cantaba versos y sus canciones narrativas y costumbristas: ‘La gota fría´’, ‘Carmen Díaz’, ‘Las vacaciones de Emiliano’, ‘Las cosas de Moralito’,  ‘El gallo y el pollo’, ‘El Indio Manuel María’, ‘La pule’, ‘La misma pendeja’, ‘Cocoliche’, y otras canciones que todavía no habían sido grabadas, solo relatos y anécdotas al gusto de su padre ‘Chelalo’, que tenían su espacio después de la tanda musical para narrar sus chistes y pegarse un trago.

Los compadres Zuleta-Molina merecieron el calificativo de buenos parranderos que obedece a la reverencia de las notas musicales del viejo ‘Mile’ y los cuentos de su compadre ‘Chelalo’, y en medio de la parranda un sancocho de gallina criolla de la sierra.

En una de esas andanzas de los compadres Zuleta Molina, en un fin de semana, se les dio por ir a pescar al río Cesar. No les fue muy bien en la pesca, narra lo sucedido el viejo ‘Mile’ en el merengue ‘La pesca’, grabado por Adaníes Díaz y Héctor Zuleta (q.e.p.d.) fletaron un carro, llevaron un saco y cargaron con un  perol para hacer sancocho en el río. En la pesca, los poquitos que cogieron se pusieron hediondos, que tuvieron que botarlos porque la señora Zenaida Cotes, que vendía en el mercado, no se los quiso recibir y tuvieron que matar un conejo pa’ pagar el flete del carro.

De esa hermandad de los compadres se siguió conservando una gran amistad Zuleta-Molina. El viejo ‘Mile’ le dejó un legado a sus hijos ‘Poncho’ y Emilianito, la unión de los hermanos Zuleta, contratados por la señora Belisa Daza para tocar en la caseta Matecaña de la señora Gala Villero (q.e.p.d.) el alboroto del pueblo y con la venia del compadre ‘Chelalo’ Molina y otros el día siguiente, fueron a parar a la casa del compadre ‘Chelalo’ Molina en el barrio El Cafetal.

De todas estas andanzas parranderas del compadre ‘Chelalo’ Molina y los Zuleta quedan recuerdos y vivencias del Villanueva del ayer.

Les deseo una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo. Nos vemos el año entrante.