Una moción de duelo con motivo del sensible fallecimiento de Roberto Gerlein Echeverría

A la usanza del Congreso de la República, me permito presentar esta moción de duelo con motivo del sensible fallecimiento a sus 83 años de mi ex colega y amigo, el exsenador Roberto Víctor Gerleín Echeverría. Se trata de una de las figuras más descollantes y representativas de la región Caribe y del Partido Conservador, en el que militó durante toda su larga y meritoria trayectoria política. Se inició en su rauda carrera haciendo sus primeras armas, como Concejal de su natal Barranquilla en 1964.

Su férrea disciplina partidaria y su incondicional adhesión a los principios doctrinarios del conservatismo contrastan con los tiempos que corren, en los que aspirantes a ser elegidos, ya sea como congresistas o presidente de la República, andan con total desenfado, buscando algún partido, sin importar cuál, que los avalen, al tiempo que los partidos, reducidos a su condición de dispensadores de avales, hacen lo propio reclutando candidatos, sin reparar en sus antecedentes y convicciones. Para ellos, utilizando la expresión del pensador francés Jean-Francois Revel, las ideologías no son más que señales de tránsito.

Abogado (1961), especializado en derecho laboral (1963) de la Universidad Javeriana, es considerado, con sobrada razón, el Decano de los congresistas de Colombia. Fue electo inicialmente como Representante a la Cámara por el departamento del Atlántico (1968 – 1973) y un año más tarde inició su ciclo como Senador, el cual se prolongó desde el año 1974 hasta el 2018. Fue, además, uno de los congresistas elegidos en 1990 a quienes la Asamblea Nacional Constituyente les revocó su elección y se reeligieron posteriormente para el nuevo período (1991 – 1994).

Sus fructíferos 46 años en el Congreso de la República sirven para desvirtuar y dejar sin sustento la cosmética propuesta de limitar el número de períodos de los congresistas por el simple prurito de la “renovación” mal entendida. La verdad sea dicha, la calidad del Congreso y de los congresistas no depende del número de períodos de estos, pues así como hay buenos congresistas, que hacen méritos para merecer su reelección una y otra vez, hay otros que no los tienen ni siquiera para un solo período. Como decía el legendario locutor deportivo Arrastía Bricca, la experiencia no se improvisa!

Este avezado legislador se caracterizó por su liderazgo, por su elocuencia y por su arduo trabajo en el parlamento colombiano. Fue el hombre hecho verbo, eran proverbiales sus memorables discursos, ya fuera en el seno de la Comisión primera, la constitucional, que fue su preferida o en las plenarias del Senado. Se esmeraba tanto por su contenido como por las formas, en las que sus gestos y su lenguaje corporal rimaban con sus palabras.

Fue un fogoso orador, un parlamentario que brilló con luz propia y fue uno de los gestores de la unidad, por encima de los intereses banderizos, de la bancada del Caribe, cuando de defender sus intereses y los de sus gentes se trataba.

Este veterano congresista hizo parte también del ejecutivo. Fue gobernador del Atlántico (1974 – 1975), designado por el presidente Alfonso López Michelsen, embajador ante las Naciones Unidas y durante los años 1982 – 1983 y siendo senador de la República, cuando ello era permitido por la Constitución y la Ley, fungió como ministro de Desarrollo (1982 – 1983) en la administración del presidente Belisario Betancur.