Mejor en la casa vacunado y aburrido que en una UCI intubado y dormido

El año 2020 cerró teniendo la pandemia de Covid como telón de fondo en la escena mundial y en este 2021 no ha cambiado el decorado, incluso ya con la anhelada vacuna a bordo.

La variante Ómicron tiene al mundo entero dando vueltas en búsqueda de la solución que permita pasar pronto la página de este trágico libro que parece una de esas series de televisión que cuando los espectadores creen que ya van a concluir porque el último capítulo finalmente llegó, ahí mismo se anuncia la continuidad con “una nueva temporada”.

Gran parte de las personas consideran sin razón que “esta nueva temporada” de la pandemia con Ómicron es una versión inofensiva del coronavirus SARS-CoV-2, creyendo además que con la vacunación el peligro estaba controlado. Esa actitud los volvió desafiantes y retaron al virus, olvidándose de las medidas de bioseguridad y autocuidado que tanto se han recalcado que son de obligatorio cumplimiento, incluso después de la vacunación contra este virus.

Y los que atrevidamente retaron al virus, han padecido las consecuencias de olvidar el uso adecuado del tapaboca, lavarse las manos y evitar los sitios cerrados y no ventilados. Así las cosas, personas que padecieron un primer episodio de Covid y además se vacunaron en este 2021, hoy están reportando un nuevo episodio de esta enfermedad.

Todo esto confirma lo que los más recientes estudios han sugerido sobre esta variante y es que si bien no hay claridad aún sobre una evidente gravedad radicalmente menor de Ómicron frente a las variantes previas del coronavirus, lo que sí es incuestionable es que está conquistando rápidamente el mundo infectando a personas con características peculiares, inclusive personas que tienen historia previa de infección por Covid y hasta ya vacunadas.

Por eso algunos investigadores como el biólogo Marm Kilpatrick es contundente al afirmar que aún hoy no existe respuesta precisa a la pregunta si la variante Ómicron es en realidad más leve que las anteriores. En ese mismo sentido resulta la advertencia que también ha dado en días recientes la epidemióloga Deepti Gurdasani de la Queen Mary University en Londres, quien sostiene que “si la probabilidad de acabar en el hospital con la Ómicron fuera incluso un 50% menor que con la Delta, pero los casos se duplican cada dos días, en dos días habría el mismo número de ingresados con Covid”.

Y ante esa advertencia, la realidad está mostrando que en algunos países los casos nuevos generados por esta variante están efectivamente duplicándose cada dos días.

El Imperial College de Londres ha demostrado que la vacunación ha sido factor protector para severidad de Covid por Ómicron cuando ha habido contagio, pues en sus análisis se ha visto como la primera y segunda dosis de Pfizer, Moderna o AstraZeneca han protegido de la forma grave de Covid a quienes se las aplicaron, dándoles una condición de “considerablemente protegidas”. Sin embargo, estos mismos análisis confirman que esta nueva variante tiene evidentemente “una mayor capacidad que la Delta  para provocar infecciones leves en los vacunados”.

En Europa se está proyectando el pico de esta nueva ola de contagios para el 15 de enero del 2022 y se calcula que será de 400.000 casos por día en ese continente. De ahí que resulta pertinente la reflexión que hace Joan Soriano, epidemiólogo del Hospital De La Princesa de Madrid quien le resta importancia al tema de si Ómicron es menos o más grave, sencillamente “porque el virus sigue siendo muy malo” y puede llevar a quienes lo padecen a la UCI y también causar la muerte.   

Soriano también fundamenta su reflexión en lo que puede pasarles a quienes se contagian: el síndrome post-covid. Ya está documentado que los problemas de orden respiratorio, la fatiga y la confusión mental, entre otros muchos síntomas, pueden permanecer durante varios meses y le pone cifras a esta situación cuando expresa que por lo menos con las variantes previas “una de cada seis infecciones sintomáticas acaba en Covid persistente”, es decir, con síntomas de Covid pero ya sin tener Covid.

Mientras ese es el panorama en el ámbito internacional, llama la atención que hoy existen lecturas distintas por parte de las autoridades colombianas del sector salud frente a lo que está ocurriendo en el cierre del 2021 en el país con respecto al momento pandémico y de manera especial, al analizar el comportamiento de las personas frente a la bioseguridad y al autocuidado, sobre todo ya documentada la presencia en Colombia de la variante Ómicron.

La directora del Instituto Nacional de Salud –INS–, Martha Lucía Ospina, expresaba en una red social una opinión muy distinta frente al mismo tema.

Para Ospina, el comportamiento de las personas en Colombia en este momento de la pandemia indica que han perdido la sensatez y la realidad resulta “preocupante”, cuando escribió que “nadie con tapabocas, ni en eventos ultra-masivos”.  Para la Directora del INS, sencillamente “nadie se volvió a acordar del uso mandatorio del tapaboca, como principal mitigador de la propagación de Ómicron…que definitivamente ya está mostrando una facilidad de contagio sin precedente”.

La funcionaria concluye con una patética pero muy pedagógica exhortación: “Cambiar hoy de comportamiento, evitará lamentos a finales de enero”, que se complementa muy bien con una frase dicha por el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanon Ghebreyesus, en una rueda de prensa en la que abordó hace solo unos días el aumento de contagios de Covid a nivel mundial, “un evento cancelado es mejor que una vida cancelada. Es mejor cancelar ahora y celebrar más tarde, que celebrar ahora y estar de luto más tarde”.

Yo concluyo mi escrito con un mensaje en el mismo sentido de los dos anteriores pero con otras palabras, las mismas del título de esta columna: “Mejor en la casa vacunado y aburrido que en una UCI intubado y dormido”.