Vuelve y juega

Algunos años de investigación en el tema alusivo a impactos de la minería de carbón, amén de mi doble condición de nativo del municipio de Barrancas y a su vez coheredero de una propiedad en zona minera importante del departamento del Cesar -área del Descanso-, me dotan de elementos para hablar sobre el asunto. Alrededor del cual, como es apenas obvio, se han escrito libros, columnas, que naturalmente, discordantes en su concepción y evaluación de los impactos. Algunos abiertamente antagónicos y otros matizados.

Con profundo pesar y precisamente por desconocer la realización de un evento recientemente realizado en Barrancas bajo la égida de la Agencia Nacional de Minería, me privé de la posibilidad de ser testigo, espectador y probablemente opinador sobre lo tratado allí. Por lo tanto, con total franqueza admito que mis fuentes sobre la interpretación de lo debatido allí son secundarias, en particular algunos sentires escritos, lo cual por supuesto me despoja de tener una opinión menos subjetiva y con menor sesgo. De cualquier manera, es una temática que me atañe por las razones esbozadas arriba.

Se acude al lugar común, al mito de la corrupción en entidades territoriales mineras locales como causa exclusiva del atraso y el poco desarrollo.

Eso no admite el mínimo debate. Si fuese por la variable corrupción, la nación en su conjunto estaría en las condiciones en que se encuentran los municipios mineros. No encontraríamos explicación a desiguales niveles de desarrollo subsistente en Colombia. La corrupción es un fenómeno sistémico y recorre a Colombia por los cuatro costados.

Indudablemente, la minería ha contribuido a estimularla en municipios recipientes de regalías. Pero atribuirle el atraso y el subdesarrollo es una interpretación simplista y esquemática de la realidad en entidades mineras. El asunto va mucho más allá.  No podemos perder de vista que la minería de carbón exige y requiere amplias áreas que son sustraídas a la potencialidad agrícola y ganadera tradicional. El espacio local se reconfigura en beneficio de las multinacionales del carbón.

Es incomprensible que algunos investigadores, columnistas, el gobierno central, defiendan a capa y espada la minería en sus distintas manifestaciones; los primeros por sesgos ideológicos y el segundo por intereses económicos y fiscales: divisas, impuestos, regalías, etc. Mientras comunidades que, como se dice coloquialmente “están debajo del techo y saben dónde cae la gotera”, han rechazado abrumadoramente consultas y procesos populares a donde se ha sometido a votación la opción de desarrollar en su seno proyectos mineros.

¿Será que los directamente involucrados y afectados por los procesos mineros, están locos? Contrariando ‘ríos de leche y miel’ que la minería traería consigo.

¿Será que países europeos e inclusive algunos latinoamericanos en plan de clausura de plantas térmicas para retirarse del uso del carbón, por ser el fósil más contaminante, también se enloquecieron?

¿Será que líderes mundiales reunidos en Glasgow en la más reciente Cumbre Climática, al abogar por la salvación del planeta insistiendo en la transición hacia energías limpias, también están chiflados?

Se inundó el mundo de locos, quedando muy poquitos cuerdos. Más sensatez por favor. Se trata de la inmensa mayoría, no del interés de un puñado.