La transformación social de La Guajira de la mano de las nuevas generaciones

La Guajira es la tierra de los contrastes, enmarcada en tiempos difíciles pero con un futuro halagador que hoy se encuentra en manos de los nuevos profesionales que tienen claro el valor de la honestidad y la responsabilidad  para demostrar que es posible entre todos tejer hilo a hilo ese camino de desarrollo sostenible que tanto se ha soñado.

No es tarea nada fácil pero estos 55 años de historia se convierten en esos pilares fundamentales para construir entre todos un territorio promisorio determinado por su cultura, su turismo y esas nuevas generaciones que manejan la información que les brindan los medios digitales.

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Los desafíos son enormes, de allí que los actuales gobernantes deben establecer con claridad cómo van a enrumbar sus territorios lo que solo lograrán trabajando de manera planificada, cuidando el recurso público, tomando decisiones acertadas y entendiendo que están para servir a la comunidad.

La majestuosidad del territorio delata la presencia de los indígenas que sobreviven a la indiferencia del Estado colombiano, pero que como valientes permanecen luchando y soñando que sus hijos gozarán de una mejor calidad de vida defendiendo su cultura que seguirá trascendiendo como esa marca de calidad para mantenerse en el tiempo.

La Guajira es el territorio de todos: indígenas, afro descendientes, mestizos, gitanos y migrantes; es la plena demostración de la hospitalidad y donde aún se conservan viejas tradiciones de los abuelos en ese dejo familiar que persiste a pesar de esa lucha constante por una mejor calidad de vida.

Sus colores se muestran en los paisajes que quedan en los retratos de propios y foráneos, su música de acordeón pero también del bolero subsiste muy a pesar que otros intentan arrebatarle ese privilegio.

El wayuunaiki y el español demuestran la apropiación de la tierra, como ese amor filial de los padres a los hijos, es el arraigo a lo propio a lo familiar. Los sonidos van y vienen, el mar, los ríos, los tambores, entremezclados como ese suspiro de esperanza de mejores tiempos.

“Fue el primer viaje a mi Guajira imaginaria, que me pareció tan mítica como la había descrito tantas veces sin conocerla, pero no pienso que fuera por mis falsos recuerdos sino por la memoria de los indios comprados por mi abuelo por cien pesos cada uno para la casa de Aracataca. Mi mayor sorpresa, desde luego, fue la primera visión de Riohacha, la ciudad de arena y sal donde nació mi estirpe desde los tatarabuelos, donde mi abuela vio a la Virgen de los Remedios apagar el horno con un soplo helado cuando el pan estaba a punto de quemársele, donde mi abuelo hizo sus guerras y sufrió prisión por un delito de amor y donde fui concebido en la luna de miel de mis padres”.

Esa descripción de Gabriel García Márquez, en su obra literaria ‘Cien Años de Soledad’, que le valió el premio Nobel de Literatura, rememora el sentir a una península anclada en el tiempo pero intentando lograr esa transformación social que urge para prodigarle un mejor futuro a las nuevas generaciones.

Los tiempos no son nada fáciles, la bondad de sus recursos naturales persiste en ese espacio de esperanza que sigue abriendo puertas para un futuro mejor, carbón, gas natural y sal, ahora el turismo como ese renglón importante de la economía que resistirá el virus de la pandemia para continuar generando empleo a una población que se resiste a desaparecer.

Lo público

Como todo buen padre que enseña a sus hijos para que se defiendan en el transcurrir de la vida, los actuales gobernantes deben empezar a construir confianza en la comunidad a partir de entender que están allí para servir, para trabajar de manera planificada sin la ambición de ganarse unos cuantos pesos de más que los llevará entonces al descarado robo de los dineros públicos.

Esa página de terror hay que pasarla para empezar a resolver de manera definitiva varios problemas que frenan el desarrollo social como el acceso a agua potable a toda la población y a la educación, allí está la clave para que el recurso humano esté a tono con todo aquello que genera desarrollo en el presente y en el futuro.

Los nuevos mandatarios que se hicieron elegir para cuatro años de gobierno tienen la enorme responsabilidad de labrar ese cambio que todos los habitantes de este extenso territorio siguen esperando. Cada uno tiene claro desde su vivencia personal hacia donde se debe apuntar para resolver los problemas de siempre pero a la vez mostrar en la práctica esas obras de impacto que muestren prosperidad sin atropellar la cultura.

Ese camino debe ir de la mano del Gobierno nacional en la exigencia de apropiar los recursos económicos que sean necesarios para invertir en aquellas obras que hoy son indispensables y que de alguna manera ayudarán a disminuir la pobreza, ejemplo claro la represa del río Ranchería, una megaobra que genera desarrollo a partir del acceso al agua pero que hoy se muestra como un elefante blanco porque falta por concluir su segunda y tercera fase, donde se invirtieron más de 6 mil millones de pesos de regalías por la explotación del carbón.

Es decir, es necesario ponerse de acuerdo en lo fundamental en una sola agenda que consigne ese camino al desarrollo sostenible sin egoísmos, donde todos liderados por el gobernador Nemesio Roys Garzón y acompañado de los 15 alcaldes, los representantes a la Cámara, la academia, las organizaciones indígenas, las ONG y los pocos gremios que existen avalados por la sociedad civil, remen entonces hacia un mismo lado.

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Los guajiros merecen disfrutar de una mejor calidad de vida, la naturaleza ha prodigado esas oportunidades, por eso es necesario trabajar en su conservación para empezar a estar a tono con los objetivos de desarrollo sostenible como el fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación en infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumos responsables, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz, justicia e instituciones sólidas, alianza para lograr los objetivos.