A propósito de la ‘Lectura del Bando’

Históricamente se ha dicho que la ‘Lectura del Bando’ es el acto mediante el cual el pueblo recochón queda autorizado por la máxima autoridad carnavalera a cumplir las órdenes de jolgorio en medio de la sana diversión.

También se puede considerar como el preludio de los carnavales para luego desarrollarse la temporada, y para otros, es el decreto mediante el cual la Reina Central del Carnaval o la autoridad carnavalera, determina temporalmente el estado de tolerancia, ‘permitiéndose’ lo que está prohibido, mientras que para los eruditos, es un emparedado entre la alegría, las leyendas, el bullicio, la gritería y las tradiciones. Cualquiera que sea el significado que cada uno de nosotros le demos a estas fiestas, los carnavales en La Guajira no se pueden convertir en las batallas campales de bolsitas con productos tóxicos, pedreras o las llamadas botelleras.

Independientemente del significado que los desadaptados le quieran dar a los carnavales en La Guajira, esta temporada no se puede convertir en vandalismo protagonizado generalmente por jóvenes o adultos, quienes tal vez aprovechan la época para atentar contra las personas, siendo las más afectadas las mujeres.

Creemos que puede existir una falta de orientación por parte de los padres de familia en la casa y profesores en el colegio con relación al direccionamiento que deben recibir sus hijos o estudiantes en torno a la celebración de los precarnavales y sus carnestolendas. Pareciera que a este componente social le hiciera falta algo en sus eslabones debido a que al observar el comportamiento de los ‘pandilleros del carnaval’ nos dan una sensación de desorientación, incoherencia y la no aceptación del buen comportamiento, en momentos en que los adultos combinan el jolgorio y el derroche de alegría, en el marco de las fiestas de los dioses ‘Momo’, ‘Baco’ y ‘Arlequín’.

Mientras los niños, jóvenes y adolescentes observan a los adultos celebrar los pre y los carnavales sin ninguna orientación hacia ellos, es lógico que mal interpreten la alegría con el desorden a través de un comportamiento agresivo que le genera el entorno, propio de la edad.

Todo esto conlleva a una conducta intimidatoria en su celebración, en donde para ellos sería normal generar una batalla de bolsitas entre los bandos, la misma que más tarde terminan peleando territorios carnavaleros y el compromiso de vencer al contrario, induciéndolos a la utilización de productos químicos y artículos peligrosos que atentan contra la integridad del contrario y de los desprevenidos transeúntes. El ‘pistoletazo de salida’ en el inicio de esta carrera carnavalera, no se puede mal interpretar que la ‘Lectura del Bando’ es el mandato para armar ‘bandos delincuenciales’ que atentan contra quienes participan de las fiestas.