Calificativos a flor de labios

Se acerca la contienda política para elegir los nuevos congresistas y detrás de la convocatoria para las elecciones del 2022, regresó en el vocabulario de quienes tienen a flor de labio algunas expresiones para sindicar y judicializar con expresiones  ‘a priori’ a quienes se postulan para un cargo de elección popular. Se trata de la palabra corrupto o corrupción, que muchos desconocen el significado, otros se la aplican a la persona cuando ocupa cualquier cargo público, mientras que para algunos no deja de ser una muletilla que se repite  por hábito para ofender o desdibujar las aspiraciones o posición  de una persona que apenas comienza su vida pública, pero algo extraño, al verdadero corrupto nadie se atreve a decírselo en su cara.

Corrupto o corrupción, son expresiones aplicadas a quienes descalifican a los actores de la  democracia, los que no han podido llegar a una posición o  cargo, o a quienes la elección popular le dejó por fuera al candidato de su predilección. Corrupto o corrupción, son locuciones insertadas en las expresiones de  las que muchos no saben su significado, desconocen su aplicación, tiempo, modo y lugar, pero que al final le hace daño a quienes no militan en sendas del abuso del poder para beneficio propio. Otros lo aplican con el fin de dañar de manera exprés la reputación de la persona que asume un cargo por elección popular, por decreto o por concurso de mérito. En fin, son expresiones que se incrustan en el discurso de los inconformes.

Bandido (a) o ladrón, son manifestaciones que lanza la mayoría de nuestro vulgo para ofender o denigrar en contra de  quienes se encuentran ejerciendo un cargo público, aplicadas a las personas con el mismo rasero, sin conocer su actuar, honorabilidad  y  comportamiento en la posición que desempeña. Claro está que en muchos cargos de elección popular o posiciones por nombramiento han llegado unas lacras que se ganan el rótulo de corrupto (a), bandido (a) o ladrón (na) en la cual cuentan con un manto de protección que ni la Procuraduría o la Fiscalía han podido frenar su bastión delincuencial. Ya estos personajes que hacen parte de la caterva delincuencial son a los que sí se les pueden llamar corruptos, pero no a quienes tiene una hoja vida intachable y de pulcro comportamiento

Existen personas de bien  y sin tacha a quienes no podemos aplicar esos calificativos que se producen entre la presunción de inocencia y el beneficio de la duda. No puede ser que una persona con los talantes en que se encuentre en una posición de primera la estemos tratando de corrupta, pero también  es cierto que muchos de nuestros funcionarios no vienen de la meca de la honradez.