Choque de derechos constitucionales en medio de la pandemia

Desobedecer el llamado que hace el gobierno nacional al no permitir la aplicación de la vacuna en contra del Covid-19 argumentando motivos de conciencia, le está generando al individuo un choque de derechos, interponiendo lo subjetivo basado en la libertad de conciencia y lo físico que corresponde al deterioro de la salud afectando la convivencia. El otro extremo corresponde a quienes por motivos políticos e intereses sociales participan de las marchas violentando las normas de bioseguridad y el distanciamiento entre personas, llevando impregnado en su cuerpo y en su ropa el mortal virus que generalmente no afecta a quien engrosó las manifestaciones sociales, sino a quienes se encuentra en casa cuidándose o haciendo los quehaceres domésticos el cual al final resulta infectado engrosando el uso de las camas UCI o las cifras mortuorias.

Respetamos la decisión de cada ciudadano al oponerse a recibir la vacuna contra la Covid-19, situación que la encasillamos en la objeción de conciencia por el desobedecimiento que tenga cada quien acogiéndose a situaciones justificadas con base a su concepto, conocimiento o creencia, también sabemos que son derechos y libertades que están protegidos por el ordenamiento jurídico colombiano, pero… ¿Hasta dónde ese derecho particular afecta al general? He allí la discusión que amerita un análisis profundo.

Nos detuvimos en hacer este análisis porque conocimos casos de personas que hoy están pasando el peor trance de su vida por una circunstancia que el enfermo desconoce, pero quien llevó el virus a la casa o el apartamento sabe que fue el portador de la infección, especialmente que en muchos de los casos quien recibe el contagio desconoce muchas cosas que el portador viene de incumplir las medidas de bioseguridad y distanciamiento ya que en medio de la euforia y el lanzamiento de las consignas y arengas en contra de lo que le afecta, existe un mayor desplazamiento de gotitas de salivas que son los causantes del pico de la enfermedad que engrosa las camas UCI y las cifras de fallecidos.

El exceso de confianza nos está matando. La confianza social y política de quienes participan en las diferentes manifestaciones sociales le genera satisfacción a la democracia, pero lágrimas y pesar al familiar  que siente el rigor de la Covid-19, mientras que el testarudo contaminante generalmente no recibe ninguna afectación ni consecuencia, en cambio el desprevenido familiar o acompañante es el de mayor riesgo o le toca soportar los rigores del virus.

No aplicarse la vacuna contra el Covid-19 apelando a una objeción de conciencia y por el otro lado interponer los intereses políticos a través de las manifestaciones sociales callejeras por encima de rigores de la pandemia, no es más que un choque de derechos constitucionales que termina deteriorando la salud de quien desprevenidamente se encuentra en casa o apartamento, muy  ajeno al bullicio que genera el momento político de la protesta social.