Conflicto con muchas desventajas

Nuestro país está acostumbrado al convulsionado conflicto en todas sus facetas, basado en la oposición política de quienes no están en el poder de las instituciones, el desacuerdo entre el pensamiento y el criterio de las personas, la lucha armada de los grupos al margen de la ley, la represión y el poder que ejercen los delincuentes callejeros en contra del ciudadano del común ante la debilidad de la Policía, el Ejército y los organismos de inteligencia del Estado; todos ellos convergen en las intimidaciones, amenazas, restricción de movilidad y secuestro, colocación de artefactos explosivos, enfrentamientos armados y agresiones físicas que concluye en el derrame de sangre que compromete más a inocentes que a culpables del conflicto.

El conflicto que encierra y afecta a nuestra sociedad ha experimentado unas mutaciones con distintos modus operandi que han permitido dejar a un lado los actos delincuenciales en la zona rural e inmiscuirse en las ciudades bajo la modalidad de corrupción para algunos delincuentes de cuello blanco, delincuentes con organizaciones criminales citadinas y el delincuente de poca monta, este último tal vez el más común y el que afecta a nuestra sociedad por realizar sus fechorías de una manera malvada y perversa, ya que son los mismos que fomentan el raponazo, el cosquilleo, el hurto y el fleteo.

Consideramos desde nuestra tribuna que el conflicto armado en Colombia ha tenido una transformación desde el momento que tuvo esas mutaciones de lo rural a la ciudad, situaciones que se han incrementado aprovechando que el Ejército ha dejado de combatir a la insurgencia para resguardarse en las guarniciones militares, mientras que la Policía –que debe velar por la seguridad de los ciudadanos en las calles– está más pendiente de quitar en las vías una libra de arroz y una botellita de aceite a los desarmados padres de familia que llevan un poco de comida a sus hijos.

Lo que hemos dicho anteriormente es lo que resumimos en el ‘conflicto con muchas desventajas’ para los ciudadanos de bien, el mismo que por montar una empresa es extorsionado por funcionarios de las instituciones del Estado como la Dian, las alcaldías y demás entidades, so pena de ser multados, sancionados o el establecimiento cerrado; el comerciante debe soportar la extorsión que hacen los delincuentes comunes so pena de asesinarlo o dinamitarle el establecimiento, mientras que si el comerciante busca refugio ante las autoridades, estas no tienen capacidad para ayudarlo, entonces procede a conseguir un arma con salvoconducto para protegerse de un acto criminal, entonces el Estado emite un decreto perenne que prohíbe el porte de arma a la gente de bien, no aplicable para los delincuentes, dicho de otra forma, los delincuentes son los que andan armados. Entonces señores ¿en qué país estamos? Solo nos resta decir que los empresarios y los ciudadanos de bien están en un ‘conflicto con muchas desventajas’.