De denunciante a sindicado de un delito

Las aberrantes expresiones utilizadas por el humorista Fabio Zuleta quien en una forma burlesca trata el delicado y espinoso tema relacionado con el presunto delito de trata de personas, basado en el comercio de mujeres jóvenes de la cultura wayuú para la explotación sexual, prendió las alarmas desde los entes de control, las autoridades nacionales y por supuesto rechazados por algunos sectores sociales de La Guajira.

Rechazo que choca con lo que ha sido ‘vox pópuli’ desde ‘N’ años y sin caer en la sindicación y en los señalamientos, algunos familiares de reconocidas personalidades de este Departamento han practicado el abominable hecho de haber ‘comprado una chinita’ para uso sexual. 

Poniendo en práctica el macartismo en el tradicional delito en contra de las jóvenes de la cultura wayuú previo a la nubilidad, el humorista ha sido tomado como ‘chivo expiatorio’ de una realidad que la sociedad de La Guajira ha tratado de tapar el sol con una sola mano.

Pero que bien, que la sociedad de este Departamento se haya unido para penalizar un hecho que hasta el momento raya en lo consuetudinario y ojalá hicieran una revisión para establecer cuál es la realidad de las voces coloquiales que denuncian la compraventa de jóvenes wayuú para uso sexual. 

Nuestra sociedad es experta en poner en práctica la estrategia del avestruz, enterramos la cabeza en un hueco y dejamos el cuerpo afuera; dicho de otra forma, nos gusta ignorar la realidad por muy evidente que sea, pero castigamos a quien la trate de revelar. Me refiero a la crucifixión y castigo social que la misma sociedad le está aplicando al fondo de la denuncia hecha por el señor Fabio Zuleta quien grabó su video acompañado por un hombre wayuú, cometiendo el presunto delito de utilizar expresiones de baja ralea.

Pero lo que sucede es lo que conviene, si la denuncia la hubiera hecho el indígena en el formato periodístico y el lenguaje esterilizado, seguramente la sociedad lo hubiera calificado de “indio borracho”. Pero tomando el mismo escenario basado en el lenguaje vulgar y fuera de contexto que rechina en los oídos de la misma sociedad que comulga silenciosamente con el delito, entonces hay que castigar a quien en una forma jocosa y vulgar hizo literalmente la denuncia.

Póngale cuidado a esto, la sociedad no está pidiendo que se castigue al indígena quien en una manifestación apológica al delito, denunció y propuso la comercialización de las jóvenes de la Alta Guajira, pero es la sociedad quien está crucificando quien utilizó sus redes sociales para que en medio de su estilo soez, desagradable y ofensivo, hiciera la denuncia. 

No deja de ser un hecho contradictorio que en medio del maremágnum, la sociedad trate de seguir cultivando una fachada de dignidad en medio del fenómeno social que raya en las aberraciones.
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