El vallenato y sus contradictores

Existen personas melofóbicas? Sí. ¿Existen personas enemigas del vallenato? Bastante. Esto lo preguntamos y le damos repuesta debido a que en los últimos días han salido en La Guajira y en el resto del país, unas personas con falsos abolengos musicales que han rechazado de plano al vallenato lanzando epítetos, tal vez producto de un libreto que lo prepara un fulano con fines comerciales para atraer a los televidentes y subir índice de audiencia de los canales nacionales.
Una cosa es el libreto bien hecho o mal hecho de una bionovela y otra cosa es atentar con comentarios fuera de tono al género musical que hoy por hoy está sacando la cara por el país en el contexto internacional. En parte no comulgamos con los libretos de las bionovelas que se salen de la realidad biográfica del personaje, pero “pienso luego y luego existo”, el guionista tiene que ponerle su ‘requeñeque’ o de lo contrario pierde su atractivo.
En calidad de defensor de oficio de este género que Dios y la creatividad del hombre nos ha dado, nos dimos a la tarea de auscultar los perfiles de aquellas personas que han hecho comentarios desentonados en contra de nuestro folclor y no encontramos coherencia entre sus pasiones y lo que dicen odiar.
Decir que sigue y admira la vida y obra de Gabriel García Márquez, pero que “odia” el vallenato es un contrasentido, debido a que “Cien Años de Soledad es un vallenato de 400 páginas” y para no meternos en los intríngulis de la obras de ‘Gabo’ me remonto mucho más atrás y acudo al recorte de la columna ‘La jirafa’ publicada en ‘El Heraldo’ el pasado 20 de noviembre de 1950 titulada ‘Algo que se parece a un milagro’, en donde el hijo de Aracataca y engendrado en Riohacha comienza a demostrar sus inclinaciones por la música vallenata, narrando su travesía por La Paz (Cesar) y el sur de La Guajira argumentado: “No podría decir cuántas personas ejecutan con maestría el acordeón en ese lugar. Pero mucho menos podría decir cuántas saben cantar los aires folclóricos, que allí nacen y crecen con una fecundidad tan prodigiosa como la velocidad”.
Y les tiro esta otra pildorita. El 3 de abril de 1951 en ‘Vida y pasión de un instrumento musical’ escribió lo siguiente: “Yo, personalmente, le haría levantar una estatua a ese fuelle nostálgico”, dicho de otra forma, se anticipó a lo que posteriormente dijo Emiliano Zuleta Díaz en la canción ‘Mi acordeón’, tema ganador en la canción inédita en 1985.
Que el vallenato es una corronchera. Bueno, es una apreciación respetable, pero revisemos quienes acompañaron a Gabriel García Márquez en 1982 a recibir el Premio Nobel, impulsado por ‘Cien Años de Soledad’ que en medio del realismo mágico latinoamericano, no es más que un vallenato de 400 páginas.