La época de los discursos fogosos

La historia política de La Guajira nos ha dejado hechos positivos y negativos, pero al hacer uso del positivismo de esos momentos memorables, nos hace tomar la herramienta de la retrospectiva al destacar que el discurso utilizado por nuestros líderes entre los 80 y los 90, estaban preñados de contenidos, emociones, convencimiento, pertenencia y una gran fogosidad, que era el principal picante que agitaba las masas para defender la camiseta, la bandera y los postulados del candidato.

Sin embargo, desde que comenzó el siglo XXI cargado de tecnología con Internet, comenzaron a desaparecer los grandes líderes de la política de nuestro Departamento, porque seguramente la honorabilidad con la que se destacaban, fueron penetrados por la corrupción, desvalorizando los principios con los que guerreaban en cualquier plaza pública.

Independientemente del partido político al que perteneciera el jefe regional, líder político o candidato, pesaba el buen discurso que apabullaba la compradera de votos, la hoja de vida intachable y sus principios morales guerreaban con cualquier acto deshonesto, y un ápice de corrupción o equivocación en el desarrollo de sus actividades.

Era la plaza pública  con la presencia del constituyente primario quien aprobaba o desaprobaba la denuncia que al final se reflejaba al momento de la votación. No sabemos hasta dónde las redes sociales han podido pervertir y acentuar la corrupción, pero hoy donde todos pueden denunciar, podemos decir que hay más corrupción que antes.

Si invocamos las añoranzas políticas de La Guajira nos tocaría recordar a Eduardo Abuchaibe Ochoa, Nellit Abuchaibe, Nelson Amaya Arregocés, Román Gómez Ovalle, Miguel Pinedo Barros y Rodrigo Dangond Lacouture, entre otros, quienes se dieron la ‘pela’ en la plaza pública con magistrales discursos y ensordecedoras intervenciones, sin olvidar el discurso de Amylkar Acosta Medina,  Antenor Durán Carrillo, Nelson Rodolfo Amaya Correa, Lácides Toro Ávila y un semillero de discursantes que para sus inicios políticos competían con intervenciones fogosas cargadas de  ideales y doctrinas, hecho que hoy no encontramos, simplemente porque hay muchos jefes políticos con rabo de paja y candidatos mudos que no se les conoce la voz, y así el pueblo los elige.

A propósito de los buenos oradores, no podemos pasar por alto al exsenador y exgobernador de La Guajira Rodrigo Dangond Lacouture, conservador de tiempo completo que a lo largo de su trasegar con la política, lideró una serie de discursos, muchos de ellos que llegaron al Capitolio Nacional y otros quedaron plasmados en el libro ‘Mis debates con sed de justicia’.

El hoy fallecido Rodrigo Dangond en su vida pública fue un gran defensor de los intereses de los guajiros y por su defensa, el Departamento tiene una deuda con él, la cual debe ser saldada con un homenaje póstumo que le debemos hacer a su memoria.