La otra Riohacha

El crecimiento desordenado de Riohacha es evidente, los cordones de miseria están a la orden del día, el desempleo es el pan nuestro de cada día, los problemas de movilidad no se solucionan, el crecimiento de habitantes por la numerosa presencia de ciudadanos venezolanos que buscan comida y trabajo continúa, así como el aumento de la inseguridad; en fin un rosario de necesidades que siguen allí latentes frente a una ciudadanía que pareciera conforme por lo que sucede a su alrededor.

Es cierto que las ciudades deben crecer, pero también lo es que sus autoridades deben dirigir y tener objetivos claros de hacia dónde se quiere apuntar y cómo generar ese desarrollo que sea de beneficio para todos los que la habitan, porque en el caso de la capital de La Guajira está ocurriendo todo lo contrario.

Es solo preguntarse por qué después de cuatro años de ostentar su título de Distrito Turístico y Cultural nada hicieron los más de 10 alcaldes que pasaron por este periodo de gobierno por avanzar en ese cometido, una posibilidad única para tener claridad del enfoque de ciudad para llevarla a ese desarrollo sustentable tan esquivo en estos últimos años.

Capítulo aparte merecen quienes la habitan, porque han dejado a la ciudad a su suerte, poco les han importado sus problemas y la forma como ha sido administrada, todo porque cada quien ha logrado sortear sus propias dificultades.

Riohacha es hoy otra ciudad, estancada en su desarrollo social y económico, una capital cuyos mandatarios no han logrado mostrar una sola obra digna de ella, a excepción del monumento Francisco El Hombre, ubicado en la glorieta después de meses de defensa porque fuera en ese sitio, en cuyo alrededor se concentra una gran parte del sector comercial.

Todo lo que está pasando alrededor de la capital de La Guajira debe llamar la atención primero de los ciudadanos para que se apropien de una ciudad que les está brindando donde vivir, que la defiendan de quienes llegan a administrarla para que se logre lo que todos reclaman: una capital donde se evidencie el desarrollo social para una mejor calidad de vida, que se debe traducir en la eficiente prestación de los servicios públicos, seguridad, empleo, orden en la movilidad y obras que marquen su vocación turística y cultural. En fin, hay tanto que trabajar que indudablemente esa responsabilidad debe empezar a asumirla quien gane las elecciones este 27 de octubre y se convierta en el próximo alcalde del Distrito.