La salida de la Directora de Cultura

La salida de Astrid Herrera Gómez de la oficina de Cultura de Riohacha, reconfirma las alertas ya encendidas en el sector toda vez que sale de manera inesperada y sin explicaciones conocidas ni de parte de ella, ni de sus superiores inmediatos.

Cuando se posesionó llegó cargada de varias iniciativas que intentó ejecutar y socializó con la comunidad y a través del Consejo Distrital de Cultura, en donde las expectativas crecieron ante la aparente armonía entre la Dirección y la Secretaría de Educación, para fortalecer el venido a menos sector cultural, especialmente desde la institucionalidad.

Pero tan solo seis meses estuvo al frente de la Dirección, las iniciativas quedaron archivadas, no contó con los recursos económicos, cero autonomía para tomar decisiones trascendentales, desconocimiento de las necesidades e intereses del sector y enfrentamientos personales que afectaron el desempeño de la dependencia y de la que hoy la administración Riohacha Unida, no tiene procesos importantes que mostrar a escasos 6 meses de terminar el periodo y a pocos días de comenzar la ley de garantías, que limita los trámites de contratación estatal.

Responsable es también la comunidad cultural del Distrito que se ha visto indiferente y en una constante actitud de espera, sin voces que permitan por lo menos exigir explicaciones sobre cómo se están invirtiendo los recursos de cultura; un Consejo Distrital de Cultura pasivo que emprende acciones y se queda en el camino sin los resultados, que no insistió en la necesidad de pactar con el alcalde un compromiso de respaldo y protección de los recursos para la inversión en las prioridades de formación, promoción y fomento de la cultura local; un consejo distrital coadministrador, desconocedor de las políticas culturales, que a ‘pupitrazo’ viene orientando el escaso presupuesto de cultura a sus intereses políticos y hasta personales, sin tener en cuenta plan de desarrollo, plan de acción, continuidad, proyecciones, ni nada de lo planificado con quienes diariamente aportan y edifican este sector de la economía distrital.

La situación presentada debe generar en los gestores culturales un mayor interés para exigir al Gobierno distrital que brinde el suficiente respaldo a quien designe en el cargo para que no se convierta en un convidado de piedra en la determinación de los recursos que administra, un conciliador y facilitador para sector que distinga los alcances de un proceso cultural, social, de cualquier otro proceso. Alguien que comprenda que Riohacha es un Distrito Cultural y que actúe en consecuencia con ello, que se le note una sensibilidad por lo que a cultura se refiere y sobre todo que tenga la suficiente convicción para transmitir esa sensibilidad al secretario de Educación y al alcalde de Riohacha.