Los grandes proyectos

El uso del territorio indígena para el montaje de grandes proyectos en La Guajira, sigue preocupando a las comunidades por los conflictos que se vienen presentando y que están causando serios enfrentamientos internos.

El tema lo sigue denunciando un importante número de organizaciones defensoras de derechos humanos, que recogen las preocupaciones de familias indígenas, especialmente de la etnia wayuú, que se encuentran desprotegidas ante la avalancha de empresas nacionales e internacionales que están en el Departamento, espacios para montar sus emporios en detrimento de la tranquilidad de la población.

La situación es más seria de lo que se pueda creer, porque han llegado a dividir a las familias a pesar de las famosas consultas previas que casi nunca se cumplen como lo ordena la ley.

Si bien es cierto que el Departamento necesita generar recursos, no es menos importante salvaguardar la tranquilidad de un pueblo que ha sido violentado por organizaciones al margen de la ley y por el tráfico de droga y contrabando.

El Gobierno nacional no puede seguir ofreciendo el territorio indígena para el montaje de grandes proyectos, cuando no ha logrado garantizar la prestación de los mínimos servicios como es el acceso al agua potable, al saneamiento básico, a la salud, a la educación.

A lo que se suma la incompetencia del Ministerio del Interior, organismo que no ha logrado aún que se respeten las consultas previas para garantizar las decisiones de las comunidades frente a los proyectos que se arman para impulsar el desarrollo social y económico que tanto se reclama en La Guajira.

Es importante que los gobiernos locales y el gobierno departamental, empiecen a mirar con otros ojos la forma como las grandes empresas internacionales llegan al territorio realizando el mejor trabajo como es dividir a las comunidades para empezar a reinar.

Si no se defiende el territorio, se abre el camino para atentar contra la cultura del pueblo indígena, en este caso el wayuú, que se encuentra en estado de vulnerabilidad, abandonado a su suerte y solo esperanzados en que el grito propio finalmente será escuchado.