Los pies sobre la tierra y las manos sobre un libro

Ayer pusimos los pies sobre la tierra por haber celebrado el  Día Internacional de la Madre Tierra, hoy colocamos las manos sobre un libro porque estamos celebrando el Día del Idioma, dos conjugaciones de los verbos poner y colocar en diferentes tiempos con desiguales significados, pero un gran interés en nuestra razón de ser, sobre todo porque a muchos habitantes de este planeta se nos olvida que la tierra lo es todo y la tratamos como si no valiera nada, mientras que los libros vienen quedando en la obsolescencia y en los anaqueles de los abuelos o del familiar de mente antigua que aún consideran que en esa cantidad de hojas encuadernadas está el saber y los conocimientos amplios que requiere nuestra sociedad.

Y es que quisimos detenernos en el Día de la Madre Tierra para llamar la atención de aquellas personas que se les olvida que tienen los pies sobre ella y además no recuerdan que existe una interdependencia entre los seres humanos que compartimos el planeta con los seres vivos cuyos ciclos de vida son muy similares, ya que nacemos, crecemos, reproducimos, sobrevivimos  y morimos. Se nos olvida que maltratamos nuestro ecosistema destruyendo su sostenimiento con lo que genera la pureza del aire que necesitamos para vivir, quitándole a la madre tierra sus pulmones, pero asfixiándola  con compuestos orgánicos y sintéticos, talando sus árboles y fomentando los incendios forestales. Por el mal uso que los humanos le damos a la madre tierra, ella se defiende manifestándose con calores extremos, inundaciones, huracanes y ciclones.
   Todo lo anterior nos da un calificativo: somos malos inquilinos, unos pésimos vecinos del planeta y unos criminales de la biodiversidad, pero todo ellos es superable en el momento en que cambiemos nuestra mentalidad y promovamos la armonía entre nosotros y la naturaleza, al fin al cabo, los dos convivimos en el mismo planeta.

En el Día del Idioma y el libro, resaltamos la importancia de nuestro lenguaje y la capacidad que tenemos para expresar nuestros pensamientos y sentimientos por medio de la palabra, sobretodo quienes hacemos parte del mundo hablante,  somos capaces de comunicarnos adecuadamente por medio del léxico que lo conforma un inventario de ideas con un cerebro que responde en el ipso facto y con la traducción automática que la convierte en palabras.

Poner los pies sobre la tierra y las manos sobre un libro,  podría calificarse como una metáfora que guarda cierta relación de semejanza  en donde la  primera nos genera interdependencia de cómo nos comportamos y el segundo nos forja la forma correcta de expresarnos, es por eso que rendimos tributo al planeta y homenaje al patrimonio de nuestra identidad llamado idioma.

Moraleja: “Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, es fácil, lo difícil es criar un hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro”. (sin autor).