Nuevos paramédicos en las entidades de salud

En este mundo de confusiones en que se encuentra la medicina por razones de la pandemia, encontramos situaciones macondianas que para muchos choca contra la paciencia de las personas, genera intranquilidad y para algunos son hechos que se convierten en la burla del ciudadano del común. Se trata de los vigilantes en las puertas de urgencias de los hospitales, clínicas o puestos de salud, que son adscritos a una empresa de seguridad privada, que con uniforme y arma de dotación realizan el control en el punto en donde convergen  personas que necesitan atención inmediata. Muchos de estos vigilantes cuentan con poco conocimiento académico, pero con gran poder para definir de manera primaria el estado de salud del paciente que amerita que un paramédico le preste ayuda o lo atienda el médico de urgencias

Si bien es cierto que el guardia de seguridad  o el vigilante privado, es una persona habilitada y capacitada para entrar en defensa y cuido del predio, espacio u objeto asignado, los que se encuentran apostados en las puertas de urgencias, parecieran que cumplieran el rol de paramédicos en donde a su criterio son los que valoran el dolor del paciente que llega buscando ayuda profesional, son los que primariamente determinan quién puede pasar a urgencias, sin importar si el sufrido está sangrando, retorcido con el dolor o con mucha sudoración.

Los vigilantes privados que controlan las puertas de urgencias se han tomado en serio el papel de no entender ni atender los primeros auxilios que requiere un paciente en estado crítico; es quien califica de primera mano la emergencia médica y visualmente establece el  tipo de trauma o ambiente prehospitalario en que se pueda encontrar quien llega a solicitar ayuda.

Resumiendo las experiencias que nos han contado muchas personas y la nuestra, al momento de llegar a urgencia nos tropezamos con el diagnóstico de un vigilante, e allí en donde me resisto a creer que esta persona que fue capacitada para salvaguardar los bienes o espacio que le asignaron, sea el nuevo integrante paramédico, que sin conocimiento y preparación en materia de salud haya cambiado el uniforme de vigilante por el de la bata médica o su arma de dotación por un estetoscopio. Los vigilantes que están ubicados en urgencias se han tomado en serio su papel de paramédicos que a primera vista recetan, formulan y recomiendan medicamentos o tratamientos  a los pacientes que frenan.

Lo positivo del asunto es que algunos vigilantes de los puestos de urgencias ya manejan la jerga médica, utilizan los términos científicos y otros aciertan con la fórmula verbal que les dan a los pacientes que no dejan ingresar a consideración de un profesional de la salud. Esto seguramente hace parte de los cambios que nos genera la pandemia.