Riohacha y su tradición carnavalera

referentes el tradicional Pilón de los Embarradores, que sobrepasa los 150 años, pasado por la primera Lectura del Bando de Francisco J. Brito en aquel mes de febrero de 1919 y desarrollando en cada carnestolendas el legado transmitido por nuestros abuelos.

La enseñanza que nos dejó José Laborde Ariza y la defensa que históricamente le hizo a la tradición de los embarradores ‘Mincho’ Pacheco Laborde, nos indica que en Riohacha es la única parte del mundo en donde se le hace mofa al gentleman de la impoluta ‘suciedad’ de la región en una gélida madrugada del domingo de carnaval. En un lugar inhóspito de la geografía de Riohacha, hombres y mujeres ensacados y con pocas corbatas, amasan la homogénea y blanda masa de barro, combinando las culturas francesa y riohachera.

El “uuuu” “uuuu” que lanzan los embarradores cuando se encuentran en su alfarería carnavalera, no es más que un encéfalo sonido que transmite sentimientos o emociones,  temor o alegría, pero cualquiera que sea lo circunspecto o la indiscreción del espectador en la madrugada del domingo de carnaval, no deja ser una tradición que genera gusto y satisfacción para quienes allí participan y para quienes cogen anticuerpos con el lodo combinado de un buen trago, buena compañía, buen desorden y una buena amanecida.

En la república riohachera del Carnaval, desempolvamos los anaqueles del profesor Jorge Gómez Effer y Cilia Peñalver Brito, encontrando un centenario de bandos elaborados por Francisco J. Brito, quien de una manera jocosa y satírica impartía órdenes para armar el desorden, decretaba el zafarrancho para desbordar la alegraría, eso sí, parodiando a la monarquía española, pero al mismo tiempo se establecían medidas y ordenanza que debería ser de estricto cumplimiento del pueblo carnavalero.  

Existe un compendio histórico carnavalero que solo predomina en la memoria de quienes años tras años han defendido una tradición que se enmarca en lo cultural. Gracias a hombres y mujeres que a lo largo de sus vidas han forjado mantener la cultura carnavalera en Riohacha. He allí en donde recordamos el trabajo estético de Iván Ramírez, los escenarios de Otto Arteta, la defensa en pro del carnaval de Rosa Gómez de Herrera, el mamotreto que presenta sobre los embarradores  ‘Arrocito blanco’, el cadencioso baile de la carnavalera mayor Nohelia Mejía ‘La pipi’, así como la coreografía de Gary Julio Escudero.    

Definitivamente, Riohacha cuenta con una riqueza histórica y cultural en materia de carnaval, tal vez con mayor tradición que los que se conoce en Barranquilla y otras ciudades de Colombia, pero la poca interesa de los gobernantes han dejado solos a sus cultures, bajo la premisa que el desarrollo de los carnavales no genera votos a la hora de las elecciones.