Se fue ‘El último indio’

No nos podíamos quedar quietos con relación a la muerte del compositor guajiro Romualdo Brito López, el mismo que a lo largo del tiempo, pudo entregarnos más de 1.400  canciones completamente grabadas y quienes han podido ponerle oído, se han percatado que el polifacético compositor encasilla sus melodías y letras en tres grandes grupos relacionados con el romanticismo en donde incluye el desamor y la narrativa; las protestas que  demuestran su inconformidad por la situación que vivían sus hermanos indígenas y la desidia estatal; y por último, la picaresca, basada en expresiones de doble sentido y otras propias de la jerga costeña.

Navegando en las letras tipo protestas impregnadas con melodías, encontramos que Romualdo Brito en su época de estudiante, músico y rebelde, no se mantuvo por fuera del fervor revolucionario que se paseó entre la década de los 60 y los 70 por muchos planteles educativos promoviendo las ideas comunistas de pensadores como  Mao Tse-tung, Federico Engels y Karl Marx que estaban en el orden del día. Quienes estudiaron en el Liceo Padilla de Riohacha con Romualdo, recordaron que ‘Robrilo’ apenas se encontraba en el umbral de la adolescencia, estaba convertido en tres personas distintas (estudiante, músico y rebelde) y en un solo luchador. Sabemos que Romualdo nunca se identificó como líder de los consabidos movimientos estudiantiles de protesta, pero sí era un seguidor de las consignas hechas por quienes se hacían identificar como izquierdistas y revolucionarios, quedando plasmadas esas ideas en muchas de sus canciones.

Como testimonios de su espíritu de cambio, muchos creían que esa posición no pasaba a mayores cosas porque el sarampión revolucionario no era más que una epidemia pasajera de carácter idealista, pero no, esa inconformidad en contra del gobierno no la reflejó en un discurso que pudo echar en la plaza pública o los movimientos estudiantiles, sino que las plasmó en cada una de las canciones que quedaron grabadas en los acetatos y en la voz de los connotados cantantes de la época.

He allí en donde toma la lucha en favor de sus hermanos indígenas y se autodenomina ‘El último indio’, una canción que nació cuando Romualdo por circunstancias propias de su vida privada, tenía en la mente la intención de salir a estudiar por primera vez fuera de La Guajira, pero se percataba que no contaba con los recursos para ir a Bogotá a estudiar Comunicación Social, solo con el fin de poderle dar a conocer al país las capacidades que los guajiros tienen en su aspecto cultural.

Cuando Romualdo llega a Bogotá con esa furia revolucionaria e identificándose como ‘El último indio’, fue tanto el lavado de pensamiento que le hicieron que después se llamó ‘El cantor de los indios’ y es donde sale la canción grabada por Diomedes Díaz, titulada  ‘Yo soy el indio’, una expresión musical que refleja el sentimiento de miles de wayuú que habitan la península colombiana. Es lógico que para entender este  editorial, se hace necesario escuchar sus canciones de corte social.