Semana de derroche, consecuencias funestas

Durante el Triduo Pascual, periodo de la reciente Semana Santa que conmemoró la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, quienes estuvimos quietos en nuestra residencia vivimos el calvario de la preocupación por el aumento de la positividad que mostró el Covid-19 en muchas regiones de la Costa Norte de Colombia, y en especial La Guajira, en donde el porcentaje de ocupación de las camas UCI para pacientes Covid-19 aumentó considerablemente. Mientras que por el otro lado, persistió la preocupación de aquellos familiares que anunciaban el delicado estado de salud de sus seres queridos, producto del virus, especialmente  de algunos amigos y personas que le han prestado un servicio al Departamento y a la ciudad de Riohacha.

Podemos confesar que es la primera Semana Santa en donde tuvimos todas las limitaciones para cumplir con nuestras creencias religiosas, ya que el escenario de la vivienda no es el propio para desarrollar los compromisos religiosos. Definitivamente nos hace falta llegar al lugar sagrado para profesar la fe y   la cual no pudimos cumplir por el aislamiento y las medidas de distanciamiento.

Otra de nuestras preocupaciones durante la pasada Semana Santa se relaciona con la advertencia que hicieron las autoridades de La Guajira sobre el aumento de los casos positivos de Covid-19 e incremento  de la tasa de letalidad producto de los mismos contagios. Mientras vivíamos nuestro propio calvario por lo que estaba pasando, quienes están acostumbrados a que la Semana Santa es una temporada de vacaciones o de parranda, muchos andaban como forajidos desobedeciendo el llamado de la fe y de las autoridades, haciendo tertulias, encuentros, turismo, parrandas sin el uso de tapabocas y sin el distanciamiento.

Si durante la Semana Mayor que acaba de pasar creció en La Guajira el número de casos positivos, Dios meta su mano de lo que se pueda presentar en la siguiente semana cuando comience a florecer los desórdenes de quienes protagonizaron e incumplieron el recogimiento que nos da la fe y el llamado que hicieron las autoridades. Sobre todo porque en La Guajira han informado que los jóvenes se están contagiando más y la mayor tasa de fallecimiento se sigue presentando en la población mayor de 60 años. Esto tiene una explicación: los jóvenes hacen caso omiso y llevan impregnado en el cuerpo o en su ropa el mortal virus y lo recibe el adulto que se encuentra en casa.

Tenemos fe y confianza que la Ciencia ha trabajado acertadamente con la efectividad de la vacuna contra el Covid-19.  Señores, la vacuna corresponde al esfuerzo científico que seguramente ha estado basado en mejorar la salud de las personas que las reciben, pero hasta el momento no significa que quien se vacune está exento de los síntomas.

 Solo esperamos que la semana de derroche que acabamos de pasar, no se nos convierta a futuro en las consecuencias funesta del desorden.