Tenemos que respetar la voluntad

Marta Liria Sepúlveda ha sido noticia en nuestro país, por haber tomado la decisión de finiquitar su vida mediante el sometimiento de la eutana­sia, una especie de aceleramiento de muerte en forma asistida, o calificada por otros como un suicidio asistido, legal y justificado.

Que una persona tome la decisión de quitarse la vida es calificable por la sociedad como fatal, y mediante el acompañamiento científico como una muerte digna.

Suicidio o eutanasia no son compatibles con las interpretaciones que tenemos las personas sobre la dignidad  de la vida humana que religiosamente va en contra de los designios de Dios, situación que seguramente algunos médicos, aduciendo la objeción de conciencia, serían del criterio que la ciencia ofrece para este tipo de personas unos paliativos que mitigan el dolor para que el paciente pueda prologar su vida.

Nosotros compartimos y respectamos el sometimiento a la eutanasia para los pacientes que no tienen cura a su enfermedad, siempre y cuando estén psicológicamente en sus cabales, más aun cuando la enfermedad lo ha llevado al constante e interminable dolor causándole el deterioro de su vida; he allí cuando una persona en este estado y después de tanto sufrir al lado de su familiar, al momento de fallecer de manera natural se lanza la expresión “A Dios gracias descansó el paciente y sus familiares”.

En el caso  Marta Liria, sus familiares han dicho que desde hace varios años viene padeciendo de esclerosis lateral amiotrófi­ca, una enfermedad  que afecta al cerebro, el tronco  y la médula espinal, lo que coloquialmente se conoce que la persona puede quedar en estado vegetal y es aquí en donde también juega la dignidad del paciente al momento de hacerse el aseo personal y sus necesidades fisiológicas.

Respetamos la postura de la Iglesia católica por intermedio de monseñor Francisco Ceballos, Obispo de la Diócesis de Riohacha, quien ha dicho que la muerte no puede ser la respuesta terapéutica al dolor y al sufrimiento, es decir como Cristianos debemos respetar los designios de Dios, pero también debemos respetar la decisión de la paciente porque puede ser otro designio de Dios.

Sabemos que la eutanasia no es más que un aceleramiento para ponerle fin a la vida de una persona, pero detrás de ella está el sufrimiento constante tanto del paciente como el de los familiares, que al momento de acogerse a esta decisión tienen derechos y deberes y tenemos que respetar su decisión, sobre todo por las condiciones inhumanas en que puede llegar el paciente producto de la enfermedad, siempre y cuando hayan agotado dos recursos valiosos: que la medicina y las oraciones ya no hagan efecto en el ser afectado.

Prolongar la vida a una persona con dolor crónico y sin movilidad no es más que una tortura tanto para el paciente como para los familiares, he allí en donde tenemos que respetar la voluntad de cada persona.