Un cantor con virtudes filosóficas y poéticas

Diomedes Díaz, el compositor y cantante que a lo largo de sus 56 años de vida y 40 en la composición y canto, demostró que fue un amante de la sabiduría extraída de la fuerza natural de la Sierra Nevada de Santa Marta, del conocimiento entregado por sus padres, del aprendizaje que le dejó la naturaleza y del pensamiento ancestral de los indígenas con quienes compartió en Carrizal, lugar donde nació y en las estribaciones de la Sierra por el sector de San Juan del Cesar.

La sabiduría indígena y el conocimiento campesino de Diomedes Díaz, llevaron al hijo de Rafael María y ‘Mama Vila’, a la mutación del pensamiento, dejando a un lado sus raíces indígenas y campesinas, convirtiéndose en un trotamundos de sentimientos rodeado ‘Entre penas y pesares’ como él mismo lo dijo en esa canción que grabó en 1997. 

Tal vez los devenires de la vida pudieron haber sido los causantes de su nueva caracterización filosófica provinciana, una especie de solipsismo que seguramente no está aceptado por la filosofía moderna, pero que en su momento lleva a Diomedes Díaz a un cambio de mentalidad, a una nueva forma de pensar y al estilo de decir las cosas a través de las canciones que hoy conocemos.

Nosotros los guajiros en calidad de tozudos y difíciles de reconocer la importancia que ha tenido Diomedes Díaz para la historia de la composición y el canto, poco reconocemos su grandeza y lo importante que han sido para el folclor vallenato sus canciones, en donde los estudiosos de sus letras, de su pensamiento y filosofía provinciana, así lo resaltan por fuera de La Guajira, pero en cambio, si valoramos de Diomedes Díaz los desaciertos propios de su vida privada que al pasarlo por el rasero de la sociedad que lo condenó y de la justicia que lo castigó, lo hemos desnaturalizado como guajiro. 

Metiéndonos en el papel de defensor de sus hechos positivos y sin comulgar con los errores que cometió, en el “pienso y luego existo”, Diomedes Díaz pudo haber tenido un comportamiento desafiante ante la misma sociedad que lo criticaba, tal vez en contra de quienes no le entendieron su ideario, su pensamiento y su lenguaje provinciano que combinado con los hechos de su vida amorosa, lo llevaron a componer esas hermosas canciones que hoy se inmortalizan en el cancionero vallenato. 

Diomedes Díaz así como tuvo seguidores que adoctrinó con sus canciones, creó su propia legión llamada ‘fanaticada’, pero paralelamente tuvo detractores de sus comportamientos positivos que se convirtieron en enjuiciadores de sus errores que como Sanedrín, lo llevaron al tribunal sin darle el derecho a la defensa. Posiblemente ese hecho negativo ha llevado a que las autoridades de este departamento no le hagan un merecido reconocimiento en La Guajira, como sí se lo han hecho en Valledupar en donde no nació. Allá lo han glorificado y lo han inmortalizado por sus canciones así como por sus virtudes filosóficas y poéticas.