Un rótulo que nos genera bullying

Nos resistimos a creer que en La Guajira existan escuelas que fomenten la corrupción, por lo menos eso es lo que nos dan a entender los hechos y las informaciones que provienen de la capital del país, rótulo que como guajiros se nos genera fuera del Departamento, un literal maltrato psicológico, sobre todo a quienes trabajamos en el sector privado y que no dependemos de la burocracia generadora de los actos corrosivos.

Y es que como guajiros siempre hemos tenido una mancha ante las personas del interior del país que a través del tiempo, nos pesa. Hemos cargado con el rótulo de beligerantes, contrabandista o marimbero y ahora pareciera que ser guajiro fuera un sinónimo de corrupción.

Pero más allá de los pendientes que tengan quienes delinquen en sus responsabilidades como funcionarios y quienes nos hacen bullying, no podemos hacer como gato y tapar sus defecaciones, porque debemos como editorialista revelar nuestra propia realidad sin alejarnos de nuestro diario vivir, hasta que se le coloque a la imaginaria escuela de la corrupción el aviso de ‘establecimiento sellado’; mientras tanto los vientos alisios con su soplo vienen refrescando las diferentes administraciones y entes de control, de las corrientes de aire cargadas de corrupción que se generan en la atmósfera bogotana y que al llegar a territorio guajiro afectan a todos los que somos de la península.

Como lo hemos dicho en varias oportunidades, quienes han ocupado cargos de responsabilidad y manejo económico en La Guajira no son ‘perita en dulce’, pero hemos encontrado algunos casos que han tenido como agentes de corrupción a los funcionarios del nivel central.

En el mundo de la política y de la cosa pública, equivocadamente se maneja el concepto de que la corrupción está relacionada dentro del ideario y el imaginario popular de los funcionarios que aprovechan su participación en la administración pública o en el gobierno, y en su condición como elegido popularmente, nombrado o por selección, ‘hacen de su capa un sayo’, es decir, obran y actúan a su propio albedrio, con libertad y sin control.

No sabemos hasta donde aceptar que los corruptos en Colombia se han formado en las instituciones creadas imaginariamente por quienes han militado en esa desagradable cultura, tampoco es aceptable el criterio de muchos impolutos que dicen que la corrupción en Colombia es un delito de sangre.

Regresando al bullying que nos hacen por fuera de La Guajira a las personas que no somos servidores públicos, siempre respondo que no somos todos los guajiros los que estamos salpicados con actos de corrupción, ya en nuestro departamento somos más los buenos que quienes se encuentran implicados en hechos deshonestos.