Depresión, el enemigo de millones de personas en el mundo

La depresión es una enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo y se constituye una de las principales causas que llevan al suicidio.

En el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, la Organización Mundial de la Salud –OMS– señaló que el 80% de los colombianos han presentado entre uno y tres síntomas de depresión en algún momento de su vida,de los cuales un 25% son niños y adolescentes. 

Eileen García Montaño, psicóloga clínica, docente de la CUC e investigadora de temas de estados de ánimo y riesgo suicida, en conversación con el programa Cuarentena del Sistema Cardenal, habló del tema.

¿Qué se entiende por depresión y cuáles son sus mayores causas?

Podemos entender la depresión como un trastorno mental muy frecuente y que se va a caracterizar por dos sintomatologías centrales, como son la tristeza profunda y la pérdida de placer o interés por actividades cotidianas que antes disfrutábamos. Adicional a eso, hay sintomatologías complementarias importantes, como la presencia de sentimientos de culpa, la alteración de la autoestima, la alteración del patrón del sueño y del apetito, la sensación de cansancio o fatiga y falta de concentración. Cognitivamente podemos estar viendo en estas personas con trastorno depresivo una concentración de una extrema negatividad del sí mismo, es decir, de quien soy yo, del mundo y las personas que me rodean, pero también del futuro. Este tipo de visión negativa va a variar en las personas, por eso es que no se puede generalizar en un paciente con depresión, de otro.

¿Por qué se asocia el suicidio o el intento de suicidio con la depresión?

No hay que satanizar la depresión. Si en estos momentos yo pierdo un ser querido, muy necesariamente voy a estar en un estado depresivo pero no quiere decir que tenga un trastorno. No necesariamente hay asociación directa entre la depresión y el suicidio. El puente es la desesperanza. Cuando vemos a una persona que no le interesa una iniciativa por proyectarse a futuro, ahí hay un riesgo elevado entre su depresión y la posibilidad a un riesgo suicida leve moderado o severo.

¿Cuándo vemos un riesgo leve? Cuando la persona está simplemente pensando en la muerte de alguna manera, este riesgo se irá aumentando en la medida que la persona concrete con mucho más detalle, no solamente la idea sobre la muerte sino la posibilidad de ejecutar la acción de morirse.

¿Qué hacer ante esta situación?

Para las personas que están padeciendo de esta situación, lo primero es ser empáticos consigo mismo. Permitirse sentir y experimentar lo que está sintiendo y pensar lo que está pensando sin juzgarse. Igualmente es importante aprender a identificar rutinas de autocuidado, como el ejercicio, meditación, incluso aferrarse a la religión puede ser una buena alternativa. Y nosotros los profesionales de la salud tenemos que estar conscientes que esa conexión espiritual, cualquiera que sea, será determinante en poder conservar la vida de las personas y podría también hacer parte de lo que se contempla en todo el proceso terapéutico.

También compartir lo que más se pueda con otras personas y no estar tan aislados y por supuesto buscar ayuda de un profesional. Buscar una persona con la que se sienta una conexión.

De parte de la red de protección, de la familia y de los amigos, hay una cuestión muy simple y es la escucha con empatía. Una escucha donde podemos darle oído al otro, a la experiencia del otro, pero sin juzgar y sin involucrar mis propios prejuicios y mis propias creencias, simplemente escuchar y hacerle saber a la personas que aunque no se comprenda muy bien por lo que se está pasando, sintiendo o pensando, se está ahí para apoyar siempre.