Los conflictos y las crisis nacionales han afectado a la Copa América en sus 105 años de existencia

Durante sus 105 años de existencia, la Copa América de fútbol ha tenido que sufrir boicots, cambios de sede y numerosos riesgos de cancelación por cuenta de los diversos conflictos que durante el último siglo han afectado a las naciones de América del Sur. La revocatoria de la sede del torneo a Colombia no es inédita en la historia de la competición.

La primera vez que la Copa América tuvo que mudarse de sede por problemas extradeportivos fue en la edición de 1924. En esa ocasión Paraguay tuvo que renunciar a acoger los partidos en su territorio porque aún sufría los efectos de la guerra de la Triple Alianza que afectó a esa nación unos años atrás. Uruguay terminó asumiendo los juegos del torneo. Y en 1953 los paraguayos también tuvieron que ceder su sede, en esta ocasión a Perú, también por problemas logísticos.

La Copa América también ha sido víctima de boicots e incluso expulsión de sus equipos participantes en algunas ocasiones. En la edición de 1963 disputada en Bolivia, Chile fue expulsada por su participación en la guerra contra el país del altiplano por el uso de un río, y Uruguay se retiró en protesta por tener que jugar a más de 3.000 metros de altura.

Argentina por su parte se ha retirado del torneo en dos ocasiones. En 1949 renunciaron a la Copa que se debía jugar en Brasil por conflictos con los organizadores. En 2001 abandonaron su lugar en el torneo celebrado en Colombia alegando problemas de seguridad. Canadá también desistió de jugar ese mismo certamen aduciendo problemas para reunir a su selección.

De hecho la Copa América Colombia 2001 ha sido la que más cerca ha estado de la cancelación en el siglo XXI. La escalada de violencia en el país durante el primer semestre del año, el secuestro del dirigente deportivo Hernán Mejía a días del inicio del torneo y varios atentados terroristas en Medellín y Cali hicieron que la Conmebol le retirara la sede la Colombia. El gobierno nacional de la época tuvo que intervenir ante el organismo para restablecer la competición.

Y en 2020, la pandemia de Covid-19 obligó a la Confederación Sudamericana de Fútbol a retrasar el torneo por un año, hasta junio de 2021, en busca de mejores condiciones sanitarias. Aunque iba a ser la primera Copa conjunta entre dos naciones a la vez, el estallido social colombiano desatado desde abril hizo que la nación cafetera no contara con las garantías para la celebración del certamen.