2.200 familias entre migrantes y retornadas conviven en el asentamiento de La Pista en Maicao

Entre viviendas de cartón, láminas de zinc, madera y lona, conviven en el sitio conocido como La Pista, en el municipio de Maicao, aproximadamente 2.200 familias migrantes, retornados y población vulnerable.

El cuadro no puede ser más dramático, cuando a esas familias les toca sortear nuevas dificultades para poder vivir en condiciones dignas, luego de recorrer kilómetros y kilómetros huyendo de su país de origen en busca de alimentos y trabajo.

En La Pista, que es tal vez el asentamiento de población migrante más grande del mundo, se detectan varios problemas que giran alrededor de esas familias que intentan sobrevivir en una tierra que les es ajena, pero con el tiempo les será propia.

Es el caso de Dairy Mar Loaiza, una joven migrante que salió hace un año  del Estado Zulia, y encontró en La Pista un espacio para habitar, junto a sus tres hijos menores.

“Nos tocó migrar a Colombia, primero me vine yo,  y después me traje a mis hijos”, relató cuando recibía atención médica por su embarazo de siete meses.

El bebé de Dairy nacerá en el municipio fronterizo, y como ella misma lo expresa, la suerte la acompaña porque está recibiendo atención de la organización Save The Children, lo que no ocurre con otras familias.

Por su parte, Yaritza González es una joven wayuú también migrante de la localidad de Concepción. “La situación en Venezuela está muy difícil, por eso estoy aquí en Maicao”.

Ella llegó hace tres meses, y también se concentró en La Pista donde una tía, de manera provisional. “El agua la compramos a los burreros, a veces no pasan”.

Su situación es compleja, puesto que le toca regresar a su país porque es propietaria de un terreno que si lo deja solo se lo quitan.

“Estoy aquí porque logré recibir atención médica por mi embarazo, cuando el niño nazca y lo registre me regresó a mi país”, contó.

Yaritza dejó a sus otros dos hijos con su mamá, recibe una ayuda mensual de 270 mil pesos que le entrega la organización Save The Children, de los cuales la mitad se los envía a sus hijos, y el resto es para su supervivencia en territorio colombiano.

“En Venezuela la comida casi no llega, para quedarme acá tengo que tener un lote, un espacio independiente para mis hijos, no puedo estar arrimada con mi tía”, narra.

Para la joven embarazada, la situación que se vive en Venezuela es igual a la de Maicao. “Aquí todo es caro, no se consigue trabajo, yo veo la situación aquí de los niños que pasan hambre”, apuntó.

A ese drama personal de las familias migrantes y retornadas, se suman los problemas colectivos como  la falta de agua, trabajo, acceso a la educación, vivienda, a pesar de los esfuerzos de los organismos internacionales por llevarles asistencia humanitaria y atención en salud.

Son también evidentes otros problemas que requieren de una urgente intervención como la prostitución, el alto número de jóvenes en estado de embarazo y los casos de violencia intrafamiliar y contra las mujeres.

La administración

Luis Ramírez, director de la Unidad de Gestión del Riesgo del municipio de Maicao, es un convencido de que es urgente buscar una solución que mitigue de una u otra manera las afectaciones que  sufren las familias de Venezuela, al llegar a territorio colombiano.

“Siempre buscamos una respuesta efectiva, que pueda servir para que las familias de retornados, población migrante y población vulnerable  puedan elevar su nivel de habitabilidad en el municipio”, mencionó.

Asimismo, dijo que en el caso del asentamiento de La Pista, son 2.200 familias compuestas por núcleos que son irregulares, donde muchas veces los componentes superan los cinco integrantes, lo que hace que se engrose la lista de habitantes en la ciudad.

La respuesta de atención a  esas familias, llegan tanto del Gobierno nacional como de la administración municipal, articulados  con los organismos de cooperación internacional,  a través de servicios de primera línea como asistencia humanitaria  y en salud.

Además, recordó que las familias migrantes, retornadas y población vulnerable, reciben atención en el Centro Transitorio, así como de un  espacio de apoyo en Paraguachón, Terminal de Transporte, el albergue conocido como el Centro de Atención Integral, y el temporal de Pastoral Social.

Esos tipos de espacios se convierten en una oportunidad para que las personas que van ingresando al municipio cuenten con una ruta o un medio para que ellos puedan mejorar su bienestar.

Más asentamientos

Al asentamiento de La Pista, se suman otros 48 informales en terrenos prestados, alquilados, o en predios del municipio, según cifras de la Unidad de Gestión del Riesgo de Maicao, que genera como resultado el aumento de habitantes en la localidad fronteriza.

“Sumado a eso, la permeabilidad que existe en las rutas de acceso al municipio, sabemos que no solamente hay una sola vía, sino por el contrario se tienen muchas, que de manera irregular mucha población migrante llega al municipio en aras de buscar una respuesta bien sea en salud, en alimentación o en un mecanismo para mejor vivir y poderle brindar seguridad a sus familias”, acotó Luis Ramírez, director de la Unidad de Gestión del Riesgo de Maicao.

El funcionario explicó que la implementación del Nuevo Estatuto Temporal de Protección,  que ha dispuesto el Gobierno colombiano, se constituye como una herramienta fundamental para poder aumentar el servicio y la respuesta en esa población migrante, permite además   tenerlos  identificados,  quiénes y cuántas son las personas para que posteriormente esas familias se constituyan en parte del municipio.

“Esas personas que hoy están aquí,  a los cuales les hemos brindado una mano amiga, se convierten  también en nuestros hermanos,  en nuestros vecinos, y de una manera positiva en bienestar para la sociedad”, finalizó.