La educación en La Guajira: condiciones de “no futuro”

Esta semana y con la celebración del Día del Maestro, queremos hacer un reconocimiento a todo el cuerpo docente que se encuentra trabajando en la región, a pesar de las circunstancias que vive el departamento de La Guajira, donde no se cumple con el suministro de los mínimos vitales en materia de agua potable y  alimentación  que garantice, por lo menos, la pervivencia de un pueblo que  ha vivido en un permanente estado de cosas inconstitucional por más de una década, pero que solo fue decretado en  el año 2017, con la Sentencia T-302 de 2017.

Los etnoeducadores son, sin lugar a dudas, un verdadero ejemplo de sacrificio y perseverancia, pues son ellos, los que ahora deben recorrer largas distancias visitando comunidad por comunidad, para  cumplir con su labor  educativa a pesar del desconocimiento en territorio, sobre las cifras reales de contagios por Covid-19.

Pese a que los directores de los centros de etnoeducación y sus profesores han implementado los protocolos de cuidado y protección, lo que les ha permitido acceder a territorio con todas las medidas de seguridad, aún los protocolos implementados quedan cortos en una región tan amplia y con tanta desigualdad.

“Nosotros hemos reforzados las medidas, cada maestro tiene su kit de bioseguridad y cuando llegamos a las rancherías atendemos a grupos pequeños de estudiantes manteniendo la distancia, pero sigue siendo un riesgo recorrer el territorio sin saber realmente el impacto que está teniendo el virus dentro de las comunidades que no reciben atención”, afirma una de las directoras entrevistadas y que prefiere reservar su nombre.

Y cabe aclarar que dentro de la comunidad wayuú aún se mantiene la tradición sobre el pago a una ofensa o daño que se pueda causar de manera directa o indirecta a la comunidad y es un temor presente en los maestros  que diariamente  deben acceder a las comunidades para cumplir con sus cronogramas de trabajo. “De todas maneras es un riesgo que asumimos, porque aunque nos cuidamos y seguimos los protocolos, no queremos ser fuente de contagio para ningún niño”.

Empero, la labor se debe llevar a cabo sin falta día tras día, porque de no llenar las guías y reportes de su trabajo, corren el riesgo de no recibir el dinero que les garantiza tener en sus propias mesas, comida para alimentar a sus propias familias.

Otro de los obstáculos que deben enfrentar diariamente es llegar a comunidades que no tienen alimentos para los niños. “Es verdad que se reparte el PAE para los niños que se encuentran escolarizados, pero este no le llega a todos y a los que les llega es insuficiente, dado que es una complementación de una alimentación que de hecho es insuficiente en cada familia, y más para un niño que vive dentro de una ranchería con hambre”, afirma la docente. “Por lo menos cuando iban a la escuela se les garantizaba al niño aunque fuera un refrigerio de manera diaria, pero estando en su casa es común que el PAE sea repartido para alimentar a toda su familia y a sus hermanos y esto no alcanza ni para 3 días de comida”.

Por eso los maestros, han solicitado insistentemente que se cambie el refrigerio por una comida completa que garantice una adecuada alimentación para los niños en escolaridad.

Adicionalmente, los etnoeducadores han detectado que en el año 2020 se presentó un retraso importante en la población escolar y en mayor grado en los niños indígenas, que  al no contar con la presencialidad y con la imposibilidad de  conectarse de manera virtual con sus profesores, no lograron superar con éxito los logros escolares.

“Yo tengo alumnos que ingresaron a segundo de primaria sin saber leer o con dificultades importantes de aprendizaje y no creo que este año las cosas mejoren”, nos cuenta una docente, y finaliza afirmando que no ha sido por falta de voluntad de los profesores, sino por todas las limitantes que el territorio tiene.  

Y ha sido la suma de todos estos factores  lo que ha llevado a muchos maestros a manifestar ansiedad y depresión tratando de sobrellevar su propia tragedia personal con las que tienen que superar todos los días en territorio. “No es fácil, muchos de mis profesores han perdido familiares cercanos por esta enfermedad o se han endeudado tratando de rebuscarse un mejor futuro, o incluso lo poco que ganan lo han tenido que invertir en celulares, tabletas o computadores que les permitan cumplir con las exigencias del trabajo virtual y no es fácil en las condiciones en las que nos encontramos”.

Por todo esto no es de extrañar, que el Departamento vuelva a ocupar uno de los últimos lugares en el Índice departamental de Competitividad frente al componente educativo, pues una región como La Guajira necesita con urgencia una atención especial y diferencial, que le permita a los estudiantes llevar con suficiencia el componente educativo de manera integral para que por lo menos puedan superar con excelencia las pruebas académicas que se exigen a nivel territorial.

Como bien dice el dicho “Nadie sabe con la sed que otro vive”pero en el caso de La Guajira, los maestros se han convertido en testigos de primera mano del abandono estatal, departamental y nacional con una población infantil que apenas sobrevive el día a día y que además debe presentar avances en materia educativa cuando no cuentan con los recursos mínimos.

La realidad educativa

En La Guajira de cada 100 niños que ingresan a primero de primera, solo logra llegar al grado 11 de secundaria el 21.8%; el resto deserta del sistema en algún momento del ciclo educativo de 11 años, y de estos muy pocos logran ingresar a la educación superior. Este tipo de educación, con tan precarias condiciones para estudiar para la mayoría, y con tan baja tasa de éxito, son condiciones de “no futuro” para la niñez y juventud del Departamento, en especial para el pueblo wayuú.

Y aunque sabemos que las condiciones epidemiológicas no garantizan el retorno a las aulas, es necesario que se actualice con urgencia la metodología de enseñanza para la población indígena, pero lo principal, que se garantice que los niños seguirán con vida al final del año escolar.

Fuente Veeduría Ciudadana para la Implementación de la Sentencia T-302 de 2017.