Alejandro Epiayú, el ‘cantante wayuú’ que sueña con revolucionar el vallenato en wayuúnaiki

“Esüwanetemejüinjeketüterrajirerüntüshiya’ajüma’akepiyasüshia Nueva York jotta’atayakai ya Valledupar”.

“Tengo dos amores nuevos, se los voy a presentar, ella vive en Nueva York y yo aquí en Valledupar…”, con estas estrofas traducidas a la lengua amerindia de la península de La Guajira, como es el wayuúnaiki,  Alejandro Epiayú Van-grieken, sueña con revolucionar el vallenato, el género musical originario de esta tierra.

Este joven de 23 años de edad, oriundo de la comunidad indígena Toroki, ubicada a 5 kilómetros de la ciudad de Riohacha,  es el séptimo de once hermanos, provenientes de padres wayuú. Cuenta que aunque en su familia nadie ha sido músico, desde muy pequeño en él se despertó el gusto por el vallenato.

“La pasión por la música es algo que nació en mí y yo simplemente me dejé llevar. Recuerdo que en la ranchería donde vivía había una pequeña radio que solo sintonizaba una emisora en la que únicamente se escuchaba vallenato, por lo que fui conociendo este género musical y poco a poco empecé a aprenderme las canciones”, dijo el joven.

Con entusiasmo Alejandro recuerda el día en que sus primos lo invitaron por primera vez al Festival Francisco el Hombre, donde desde lejos de la tarima, vio cantar en vivo a su gran ídolo Peter Manjarrés,  un momento que lo llenó de inspiración para prometerse así mismo que algún día se subiría a una de esas tarimas a cantar como los grandes artistas.

Lleno de motivación empezó a conquistar a las muchachitas de su escuela interpretándoles canciones como ‘Oye bonita’, ‘La ventana marroncita’, ‘El caballero’, entre otras, por lo que las profesoras empezaron a notar su talento. “En cada acto cívico, actividad o evento escolar, siempre me ponían a cantar y eso me ayudó a perderle el miedo al público”, expuso.

Alejandro Epiayú Van-grieken, de 23 años de edad, es oriundo de la comunidad indígena Toroki, ubicada a cinco kilómetros de Riohacha.

 

Pero el camino artístico no pintaba fácil para este joven, pues comenta que su padre trabajaba cortando leña, lo cual no era suficiente para mantener a una familia tan numerosa, por lo tanto los recursos en aquel hogar eran limitados. “Mi padre me dejó claro que económicamente no podía ayudarme a cumplir mi sueño de ser cantante, pero  siempre me hizo saber que creía en mi talento y eso era más importante para mí”, señaló.

Epiayú Van-grieken, además relata que a consecuencia de un problema que tuvieron sus padres con otra familia de la misma comunidad indígena, por temor a represalias se vieron obligados a abandonar su casa en Toroki y huir con sus hijos hacia Venezuela, menos con Alejandro quien decidió con solo 14 años de edad, quedarse en aquella ranchería.

“El deseo por cumplir mi sueño me llevaron a quedarme solo y a cargo de la casa, ya que no quería abandonar la escuela en donde me estaban dando la oportunidad de cantar, así que para sobrevivir  me dedicaba medio tiempo a cortar leña como mi papá y en la otra jornada iba a estudiar y realizaba las labores de la casa”, narró el joven.

Entre lágrimas recordó el vacío que le producía la soledad en la que vivió en ese tiempo, pero su sueño por la música era lo único que lo llenaba. “Con mucho esfuerzo logré graduarme de bachiller y los fines de semana aprovechaba las cosechas de mamón de la ranchería y me venía para  la calle Primera de Riohacha a venderle a los turistas para ganarme algo extra y suplir mis gastos”.

Como respuesta a ese sueño que aún seguía vigente, un día mientras vendía en el concurrido sector turístico, vio una tarima y se animó a hablar con el organizador del evento y pedirle que lo dejara cantar. “Parecía una locura, pues me le acerqué con el balde en que llevaba los mamones y no muy bien presentado, pero seguro de mi talento y para mi sorpresa me dijo que sí, y me dejó cantar”.

Aquel animador lo subió a la tarima y lo presentó como el ‘cantante wayuú’, apodo que le quedó gustando. “Interpreté la canción ‘El Caballero’ de mi gran ídolo Peter Manjarrés y me emocioné al ver como la gente empezó a aplaudirme y cuando terminé, me bajé de ahí con escalofríos de los nervios que tenía, pero motivado para seguir con mi sueño. Ese siempre será un día especial para mí que nunca olvidaré”, afirmó.

Además, indicó que al bajarse de la tarima se le acercó un hombre quien le expresó su admiración por el talento que tenía y ver el esfuerzo que hacía vendiendo en las calles para conseguir el sustento. “Me propuso llevarme a una academia musical reconocida aquí en Riohacha en donde también estudiaba su hijo que era acordeonero, pero le aclaré que yo no tenía los recursos para pagar esa escuela, lo cual no fue problema, me dijo que me presentara de parte de él, que ahí no me pedirían nada”, aseveró Alejandro.

Desde ese momento ha hecho parte de esta academia musical en donde ha ido mejorando profesionalmente. “He evolucionado en la métrica, me entregaron una guacharaca y un repertorio de canciones que debí aprenderme para ir perfeccionando artísticamente”, aseguró.

Un animador lo presentó en tarima como el ‘cantante wayuú’. Interpretó ‘El Caballero’ de Peter Manjarrés y la gente empezó a aplaudirlo.

 

Por otro lado, su profesor de música al ver que Alejandro hablaba  perfectamente el wayuúnaiki, le propuso traducir algunas canciones en este idioma para ver que tal sonaban. “Me fui juicioso y en la próxima clase llegué con la tarea hecha, la primera canción que traduje fue ‘La Gringa’, de Silvestre Dangond. Con la primera estrofa que canté en wayuúnaiki el profesor quedó perplejo al oír lo bien que sonaba. Recuerdo que me dijo: no entendí nada, pero se escucha chévere”.

Desde entonces, empezó a interpretar este y otros éxitos en el idioma wayuú, como ‘Listo Calixto’, ‘Benditos Versos’, entre otros, robándose el aplauso y admiración del público, pero ante todo, dejando su etnia y raíces indígenas en alto.

“Al principio cuando llegaba a los eventos algunos se burlaban diciéndome; llegó el ware, el indio, y demás, pero poco a poco esas críticas se han convertido en admiración y palabras de felicitaciones al escuchar algo novedoso, sobre todo en esta región, donde prima la etnia wayuú, de la que me siento orgulloso”, puntualizó.

Aunque actualmente trabaja en una farmacia, ya que necesita suplir sus gastos y ayudar a su familia, la cual ya regresó a La Guajira, continua preparándose en la academia y aprovecha la mínima oportunidad para subirse a una tarima e interpretar éxitos en wayuúnaiki.

Asimismo, manifiesta que desea ingresar a la universidad a estudiar música porque asegura que para eso fue que nació. “Ya cumplí mi sueño de subir a una tarima, pero ahora anhelo participar de eventos más importantes como el  Festival Vallenato en Valledupar e interpretar una canción de mi autoría, eso sí, dejando en alto la casta wayuú que corre por mis venas”, reiteró Alejandro Epiayú.