Nuevas generaciones de intérpretes vallenatos deben asumir el reto para perpetuar a nuestros juglares

Hablar de generaciones en los intérpretes de la música vallenata tradicional, tal como lo propone Tomás Darío Gutiérrez, en mi concepto, es un buen referente para la historia y semblanzas de nuestra música vernácula.

Pero además, hoy, cuando tenemos la necesidad de seguir cumpliendo con los compromisos estipulados en el Plan Especial de Salvaguarda –PES– nos puede servir, si contamos con el apoyo y proactividad del Ministerio de Cultura y con los entes territoriales regionales y municipales de la región Caribe que tienen afinidad terrígena o de relación con esos intérpretes, para dar un nuevo impulso a la supervivencia y al fortalecimiento que necesitamos para la música tradicional vallenata.

Para esta oportunidad de oro, hemos estado revisando los centenarios cumplidos de muchos de nuestros juglares y próceres culturales, y han pasado sin mayor pena ni gloria en nuestra región Caribe y de paso en Colombia. Poco es lo que se ha hecho para recordar que se cumplieron 100 años de sus nacimientos. No hemos resaltado de manera categórica estos acontecimientos tan grandes.

Ubicando a cada uno en su espacio, deben tener nuestros juglares la trascendencia histórica de Concepción Loperena o del Almirante Padilla, guardando las proporciones que demande, pero esos juglares que conforman la primera y segunda generación. La primera, intérpretes como Francisco Moscote ‘El Hombre’, Luis Pitre, Roque Pinto, Antonio Amaya, Santander Martínez, Octavio Mendoza ‘El Negro Mendo’, Hernando Rivero ‘Nandito el cubano’ y otros más; y la segunda, intérpretes como Francisco ‘Chico’ Bolaños, Francisco ‘Pacho’ Rada, Emiliano Zuleta Baquero, Escolástico Romero, Alejandro Durán Díaz, Tobías Enrique Pumarejo, Cirino Castilla y otros más, son héroes folclóricos de Colombia y el mundo.

La conquista que lideraron, el nuevo orden folclórico que lograron establecer y la revolución musical que hicieron, es una obra de la trascendencia de la fundación de un pueblo o del descubrimiento de una región o accidente geográfico en un país.

Entonces, por muchas circunstancias, nunca nos preparamos para conmemorar esas fechas en las que esos pro-hombres folclóricos, representantes de esas generaciones, cumplirían su siglo de vida y solo algunos medios hicieron una que otra escueta mención de unos, y, de otros, no. No los recordamos ni siquiera en sus pueblos natales, ni en la región Caribe, ni en el país.

Ellos, quienes labraron caminos y ya se fueron, quizás han pedido cuentas a los que han llegado a donde están ellos; a quienes les debemos homenajes y reconocimientos, puedo decir con certeza, que al conocer la evolución de nuestra música quizás se sentirán satisfecho por lo hecho por la tercera generación en la que hombres como Luis Enrique Martínez, Rafael Escalona, Armando Zabaleta, ‘Toño’ Salas, Leandro Díaz, Abel Antonio Villa están muy próximos a cumplir 100 años de su natalicio y otros, en unos años más los cumplirán como Andrés Landero y Náfer Durán.

Debe ser desde ya, que los organismos rectores de la cultura y el folclor en Colombia, los entes territoriales regionales y locales, las fundaciones y organizaciones de Festivales y fiestas donde se resalta la grandeza de la música tradicional vallenata y sus gestores, nos vayamos preparando para aprovechar estos centenarios y así, primero: exaltar la memoria de esos grandes juglares y maestros de nuestra música; segundo: agradecerles de manera póstuma su legado; y tercero: aprovechar para cumplir los ítems del Plan Especial de Salvaguarda cuando el numeral 6, ‘Problemas y Riesgos de la manifestación’, mediante el ítem 6.4.2. Reconoce “riesgo de desaparición de la memoria histórica de la música tradicional vallenata”, y en el ítem 6.4.3. advierte sobre “la falta de opciones para que los niños y jóvenes conozcan la música tradicional vallenata”.

Entonces, he ahí el reto: 1. prepararnos con antelación y suficiencia ante los órganos que puedan participar, apoyar e impulsar la conmemoración de estos centenarios, llámense Presidencia de la República, Congreso Nacional, Ministerio de Cultura, Gobernaciones, Asambleas, Alcaldías y Concejos municipales, Casas de la Cultura, clúster de la música vallenata, fundaciones y juntas directivas de festivales, empresa privada y demás organizaciones que puedan vincularse a estas conmemoraciones.

2. Vincular al sector educación para que a través de foros, cátedras, conferencias magistrales, talleres, seminarios y todo método o modalidad pedagógica, acopiando tecnología, virtualidad y experiencias significativas con las que se pueda educar a la población sobre la vida y obra de estos héroes folclóricos, y sobre la historia, tradición, evolución y estado actual de la música tradicional vallenata en el contexto cultural-musical de Colombia y el mundo.

3. Preparar todas las herramientas tradicionales y modernas y la tecnología disponible para crear conciencia, generar conocimiento acerca de nuestra música y crear sentido de apropiación desde nuestros pueblos para llegar al mundo y eliminar también los riesgos que afronta la música tradicional vallenata, según el PES.

No debiéramos dejar pasar por alto estas fechas de tanta importancia para nuestros pueblos y nuestra música. Puede ser esto otra oportunidad de relacionamiento y logros para nuestras comunidades y los órganos de difusión y promoción de la música vallenata como son sus escuelas.

Ojalá intérpretes de la cuarta generación como Pablo López, Miguel López, ‘Emilianito’ Zuleta, Alfredo Gutiérrez, Norberto Romero, ‘Poncho’ Zuleta, Jorge Oñate, Iván Villazón, Gustavo Gutiérrez, ‘Beto’ Murgas, ‘Pangue’ Maestre, Israel Romero, ‘Cocha’ Molina, Hugo Carlos Granados, ‘Chiche’ Martínez, Rafael Manjarrez, Daniel Celedón, ‘Jorgito’ Celedón y muchos más; incluso, de la quinta generación como Peter Manjarrés, Silvestre Dangond, Iván Zuleta, ‘Chemita’ Ramos, Juan de la Espriella, Rolando Ochoa, y las damas que hoy incursionan muy positivamente en la música tradicional vallenata, sean voceros de estas evocaciones centenarias y asuman este reto para el presente y la posterioridad.

Hasta ahora los intérpretes de la cuarta generación pueden considerarse grandes difusores de la música vernácula y abanderados en la globalización intacta y fomento de la música tradicional vallenata.

Aprovecho para invitar a muchos intérpretes de la quinta generación a que revisen su aporte en la preservación y promoción de la música tradicional vallenata, porque algunos lo están haciendo bien. Es necesario e importante.