Municipio de El Molino celebra sus fiestas patronales en honor a la Virgen del Rosario

El municipio de El Molino, en contra de la tradición, no tuvo una fundación propiamente dicha. En un principio fue asentamiento de los indios cariachiles, quienes pertenecían a la poderosa nación Chimila, dominante en un gran territorio que comprendía el sur de La Guajira y una extensa parte del departamento del Cesar.

Más adelante, probablemente en 1610, llegó el encomendero español, Pedro Beltrán Valdés y tomó posesión de esta zona que hoy en día está enmarcada dentro de los siguientes límites territoriales: al norte con el municipio de San Juan del Cesar; al sur, con Villanueva; al este, con la República de Venezuela y al oeste con San Juan del Cesar. En la actualidad El Molino cuenta con una población de 8.672 habitantes, de los cuales cerca de 6.000 pertenecen al casco urbano y el resto al área rural, sin incluir la población indígena wiwa, del resguardo de Campo Alegre, provenientes de Codazzi, Cesar. Así mismo, hay un gran incremento de ciudadanos venezolanos, que han sido acogidos en este terruño.

Es aquí, en este pueblo vigilado por la exuberancia de la serranía del Perijá, donde año tras año y si se quiere desde sus inicios, se celebran las fiestas patronales en honor a la Virgen del Rosario.

Cada 29 y 30 de abril se conmemora esta fiesta tradicional, basada en un milagro realizado por dicha advocación mariana y que tiene que ver con un encuentro bélico entre los indígenas y los soldados españoles. Cuenta la historia que los ibéricos fueron envenenados al beber agua de la laguna del Sicarare con una especie vegetal conocida como barbasco, la cual les produjo una intoxicación inmediata y la pérdida de todas sus fuerzas.

Precisa el relato que cuando los españoles se encontraban tirados en el suelo en medio de sus dolores, se apareció una bella mujer portando un báculo con el que iba tocando uno a uno a los hombres envenenados, recobrándose de inmediato y salvándose de morir. Este milagro dio inicio a la tradición de la Virgen del Rosario, venerada en El Molino y en Valledupar.

Un día como hoy los devotos llegan de los pueblos vecinos y de otros lugares de Colombia vistiendo hermosos y multicolores vestidos. Las damas y los hombres lucen llamativos penachos para asistir a las ceremonias religiosas que tienen lugar en la Ermita de San Lucas, patrimonio cultural del país.

Así mismo, pagan sus promesas a la advocación mariana representada en una imagen de madera, bellamente tallada, perteneciente al arte colonial, regalada por la corona española, la cual es ricamente ataviada con hermosas mantas.

En horas de la tarde se realizará la procesión, en un amplio recorrido por las calles de la localidad presidido por el párroco de la Ermita, mientras que los indios bailan a la Virgen en la calle, siendo observados por centenares de turistas que llegan a El Molino, con motivo de estas festividades tradicionales.