No ‘pierdas la cabeza’ con TikTok, el reto es autorregularse

El video dura cinco segundos. Dos estudiantes saltan frente a la cámara. Un tercero, ubicado entre los dos primeros, también decide hacerlo, pero desconoce las verdaderas intenciones de sus pares. El hecho toma un segundo. El tercer estudiante, estando en el aire, es empujado a la altura de los tobillos por sus compañeros, lo que provoca que su cuerpo caiga hacia atrás. El golpe y el dolor son inevitables. Acaba de ser protagonista y víctima del reto viral “Rompe cráneo”, popular entre los jóvenes y niños que utilizan TikTok en Latinoamérica.

Esta nueva red social, de origen chino, permite a sus usuarios crear y subir videos cortos (de 15 segundos mínimo y 60 segundos máximo) que pueden acompañar con bandas sonoras o clips de música. En ella su comunidad crea diferentes tipos de retos, la mayoría inofensivos y entretenidos. No obstante, “Rompe cráneo” representa un peligro para quienes participen de él, debido al impacto generado contra el suelo. La persona lleva directamente la parte trasera de la cabeza contra el pavimento, además de exponer su columna vertebral, pudiendo padecer fracturas de cráneo, esguinces cervicales, pérdida de la consciencia y hemorragias. Una lesión grave o mal tratada podría provocar cuadriplejia o incluso la muerte.

De acuerdo con Nelly Lecompte, directora académica de la División Ciencias de la Salud de Uninorte, médica especialista en Maltrato Infantil y Pediatría, este tipo de juegos atentan peligrosamente la integridad física de la víctima debido a la posición en la que cae el cuerpo. Se pueden producir hematomas a distintos niveles que pueden tener diferentes efectos. Por ejemplo, después de un golpe fuerte un joven puede tener pérdida de consciencia, cuadros convulsivos, secuelas a corto o largo plazo, dado que pueden desarrollar hematomas que no siempre se detectan en una primera consulta. Un sangrado tenue que después puede tener consecuencias en la parte neurológica.

“Es peligroso dado que el niño todavía no tiene la madurez neurológica suficiente, y la adicción a este tipo de juegos y redes puede tener consecuencias negativas, como hemos visto”, señala Lecompte.

La red social

El tema de los retos virales no es nuevo, pero ¿por qué los jóvenes hacen populares juegos que pueden atentar contra su propia integridad? Pedro Wightman, profesor del departamento de Ingeniería de Sistemas, explica que las redes sociales, desde que se volvieron masivas hace cerca de 15 años, les dieron a los ciudadanos la posibilidad de convertirse en generadores de contenido, lo que se tradujo en un mayor alcance en temas de aceptación y popularidad. Sin embargo, toda red social cumple un ciclo de moda.

“Esta red tiene unas características bien especiales porque es creada por jóvenes y para jóvenes. Los jóvenes emigran por los diferentes tipos de redes sociales conforme avanza el tiempo (…) Buscan características muy puntuales, en el caso de TikTok el usuario es siempre el protagonista que busca entretener una audiencia que no diferencia amigos o privacidad”, argumenta Lucy García, también profesora de Ingeniería de Sistemas, doctora en Ciencia de la Ingeniería y experta en cirberética.

Una particularidad de TikTok es que permite descargar los vídeos subidos por otros usuarios, a pesar de que en las políticas de privacidad de la aplicación se declara que los usuarios “tienen derecho a solicitar la rectificación o eliminación de sus datos personales o la limitación del procesamiento de sus datos”.

Tanto para el profesor Wightman como la profesora García, es necesario que las aplicaciones dispongan de mecanismos de identificación y verificación, ya sea de edad o veracidad de una autorización paterna, para evitar la falsificación; pero también coinciden en que es fundamental la educación.

Regulamiento crítico

José Alfredo Aparicio, director del Instituto de Estudios en Educación de Uninorte, comenta que, desde el ámbito de la educación, está claro que el tema de los retos virales en redes sociales está mediado por un elemento: el reconocimiento frente a los pares. Desde el aspecto neurosicológico, agrega, los adolescentes todavía no han alcanzado a desarrollar su corteza prefrontal, que es la que les da la noción de responsabilidad y riesgo.

En ese sentido, las redes sociales han hecho que la lógica del reto, del reconocimiento frente a otros, llegue exponencialmente a otros a través de lo que el usuario hace. Antes se hacían retos para los amigos, ahora son para una comunidad mundial.

“Las salidas más fáciles finalmente son represivas, pero la meta realmente es que sea el propio joven o niño el que pueda tomar la decisión y decir ‘no quiero hacer el reto’. No que desde afuera lo regulemos”, puntualiza Aparicio.

Para Ana Rita Russo, directora del Programa de Educación y Desarrollo Humano – Pisotón, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, aquellos que replican retos como el ‘Rompe cráneo’ pueden incurrir desde la violencia en una doble necesidad: ser aceptados y sentirse protegidos al unirse al victimario.

«Es necesario que los niños y adolescentes reconozcan las consecuencias de sus acciones. En las escuelas deben existir programas de prevención (…) Los seres humanos requqerimos de la regulación emocional, debemos aprender que hay normas que cumplir para entrar al mundo de la cultura, al orden social», enfatiza la directora.

A nivel individual, el ser humano es un sujeto en crecimiento que necesita educación, en este caso frente a los medios. José Aparicio agrega que esa educación no es una cosa de un discurso puntual o un día, sino que tiene que ser un proceso continuo en el que tenemos que estar educados para saber enfrentarnos críticamente a los medios.

“La meta es tener personas con pensamiento crítico y autorregulación, pero para que eso suceda los propios adultos tienen que mostrarse como modelos de pensadores críticos. Tiene que suceder tantas veces para que los chichos naturalicen ese comportamiento y práctica. Que el adolescente, frente a un amigo que le presiona socialmente, sea capaz de tener herramientas para decir no. Es lo que llamamos autorregulación de pensamiento crítico para decir no”, concluye.

*Este artículo fue escrito por José Luis Rodríguez R. para la Universidad del Norte.