El agua en la vida de las mujeres de las comunidades wayuú: “sed y resiliencia”

Crecí escuchando a mi mamá decir que la lluvia es bendición de Dios, y así creció ella también, escuchando a mi abuela Antonio Lucía decirlo y probablemente, mi abuela escuchó a su mamá expresarlo con convicción. 

Todas nacimos en Riohacha, en tiempos distintos, en un departamento en el que el agua pese a ser parte esencial de la vida de los seres humanos en todo el mundo, no ha sido precisamente un elemento abundante y permanente en la cotidianidad de las familias guajiras y muy particularmente en la vida de las familias wayuú.

El agua no solo es un derecho y un recurso valioso; es un regalo de la madre naturaleza que incide de manera significativa en la salud y en la calidad de vida de las personas, de las plantas y de los animales. Su presencia es sinónimo de equilibrio, de frescura, de vitalidad, de renovación y del transcurrir armonioso del ciclo natural de la existencia. También es un elemento que compone, además, cerca del 60% del cuerpo humano. 

Es fuente vital de energía pues un ser humano puede sobrevivir hasta tres semanas sin alimento, pero solamente podría sobrevivir tres días sin consumir agua, ello evidencia, su indiscutible importancia para nosotros. 

Por otra parte, aunque nuestro planeta se denomina: Tierra, este líquido precioso se constituye en el 70% de su composición total y se encuentra presente mayoritariamente en los océanos, mares, lagos, lagunas, ríos, manantiales, humedales, en la atmósfera y en todos los variados cuerpos de agua que pueden llegar a existir.

En los territorios áridos como los desiertos, el agua podría llegar a encontrarse en algún oasis que aunque parezcan míticos, existen, como el Parque Nacional Natural La Macuira, o en corrientes subterráneas, a ciertos niveles de profundidad, en los que debe ser ubicada, el terreno perforado, para que así el agua sea extraída y por supuesto, llegue a las manos y a las vidas de las familias wayuú donde las mujeres administran y abastecen a su parentela para su subsistencia en medio de las adversas condiciones ambientales que en la última década se han tornado aún más difíciles en razón del cambio climático, y su incidencia en los ciclos de lluvias así como en el comportamiento de las fuentes hídricas y los valiosos reservorios naturales. Esto ha impactado también en el cultivo de ciertos productos esenciales en la alimentación de los wayuú. 

La importancia suma del agua para las comunidades, está ligada a su supervivencia por cuanto que de ella se derivan las posibilidades de hidratación, cuyo consumo sugerido es de dos litros de agua por día, para el consumo de los animales como chivos, burros, caballos, cerdos y animales domésticos en general, así como para los cultivos que conforman la base dietaria de los wayuú entre los cuales se encuentran el maíz blanco y morado, el frijolito guajiro o kepeshuna, el pirrujui, la patilla, el melón, la ahuyama, la yuca, y los frutos silvestres como la cereza, la aceituna y la iguaraya, o el mismo cactus utilizado para la construcción de las viviendas y el icónico árbol de dividivi de uso medicinal. 

No podemos olvidar el aipiaa o trupillo, usualmente consumido por los chivos y del cual se producen nutritivas galletas que nutren de esperanza, tal como lo ha venido haciendo la lideresa wayuú de la comunidad Yutaho ubicada en Cuatro Vías en el municipio de Maicao, Cecilia Barros a quien cariñosamente llaman ‘Mimi’, los niños que amorosamente atiende y custodia en la UCA de esa comunidad.

La antropóloga riohachera Mildred Nájera en su ponencia ‘Agua, Salud y Género en la Alta Guajira’. Apuntes sobre los riesgos en la salud de la mujer wayuú por la baja disponibilidad de agua afirmó: “La baja disponibilidad del agua en la región, obliga al desplazamiento de muchas mujeres wayuú durante el verano, en búsqueda de fuentes hídricas; ellas someten su integridad física recorriendo largas distancias a través de territorios donde existen conflictos interfamiliares, problemas de orden público o con restricciones sobrenaturales; son quienes velan por su almacenamiento, quienes prodigan el alimento; y quienes manejan en su cotidianidad las enfermedades asociadas a la baja calidad del agua”.

A su vez, la reconocida escritora wayuú Vicenta Siosi Pino expresa: “La mujer wayuú como prolongadora del linaje y depositaria del conocimiento ancestral se ha erigido como sabedora, ceramista, tejedora, artista, comerciante y constructora de paz. Su carácter visionario le ha otorgado victorias notorias que han visibilizado el departamento de La Guajira y dinamizado el círculo sagrado de la vida”. 

Cada una de estas afirmaciones con voz de mujer, exalta la fuerza que ha caracterizado ancestralmente a las mujeres wayuú, siempre sabias, prudentes, consejeras, serenas, fuertes y resilientes. Es necesario recordar que, en el encierro al llegar la menarquia, la majayut es bañada con agua fría a la media noche sobre una piedra, para enseñarle sobre la fortaleza de su ser, la resistencia y valentía con la que deberá afrontar las adversidades de la vida, y su rol de ser la roca del hogar y el puerto seguro y sagrado de cada uno de los miembros de su familia. 

Por su parte, la bióloga egresada de la Universidad de La Guajira, Alejandra Hernández concluye: “El agua es un componente fundamental para la vida, muestra de ello es la importancia que tiene para la etnia wayuú, especialmente para las mujeres, quienes valoran el agua como una analogía del papel multiplicador y generador vital de la fémina en la comunidad, así como un componente sagrado para los rituales relacionados con la pubertad y el entierro, la preparación de alimentos, la etnomedicina y la agricultura; en este último, el preciado líquido representa a la madre o a la abuela que cuida, y además hereda la tierra a su descendencia porque permea los suelos y permite que toda la vegetación pueda dar sus frutos de forma normal para poder subsistir. 

Por lo anterior, gracias a su cosmovisión, las comunidades indígenas presentan un profundo respeto hacia este componente biológico, que trae como consecuencia, el arte de cuidar, conservar y sostener los afluentes hídricos mediante prácticas ancestrales como la reutilización de aguas, la recolección de las lluvias, el consumo medido y el control artesanal de plagas. Son ellos, los defensores principales de los cuerpos de agua en este suelo desértico.”