Monumento ‘Francisco El Hombre’, esperando ser instalado en la Glorieta de la calle 15 de Riohacha

Cuenta la leyenda que ‘Francisco El Hombre’ venció al diablo en un duelo de acordeón en donde le cantó el credo al revés. Insuperable Francisco Moscote. El diablo ni por viejo ni mucho menos por diablo, pudo con su valiente e ingeniosa defensa.

De eso, ha transcurrido bastante, más de un siglo y poco o nada quedan de los caminos polvorientos recorridos a lomo de mula y menos aún de la costumbre pueblerina de la juglaría desempeñada con carisma y pasión por Francisco, entre lo que hoy es el sur de Riohacha y el norte del Cesar.

Permanece su legado que enriquece el patrimonio cultural de la región, la leyenda y sus correrías, algunos descendientes con sus anécdotas que se repiten en la comarca que lo vio nacer en la primavera de 1849, su melodía de acordeón originario del folclor provinciano y su imagen recreada que nos congrega.

‘Francisco El Hombre’ ha sido aludido en tarimas, avenidas, rutas turísticas, festivales, glorietas, pinturas, esculturas, incluso en cuestionadas y fallidas contrataciones estatales. Pero hoy nuevamente inspira a un artista, a un hombre del arte y la cultura, un maestro que por encargo, recrea la increíble leyenda de Francisco Moscote y su heroico encuentro con el maligno para convertirse en ‘El Hombre’, quien con su faena nos vinculó para siempre con la música de acordeón, haciéndonos sentir el orgullo de haber nacido en su misma tierra.

El de la musa creativa es Javier Julio Mendoza, vecino del barrio Arriba de Riohacha, conocido trabajador de la cultura y reconocido por sus excepcionales esculturas urbanas expuestas al manoseo de la gente que camina en varios lugares de Riohacha y La Guajira, especialmente, la obra ‘El Palabrero’, que en el malecón de La Marina parece conversar y abrazar a todos los que se le arriman.

Polémico e irreverente Javier Julio, como buen miembro de este agobiado sector, discutió y debatió, con argumentos fundamentados en la composición de su obra, ante sus contratantes, entre otros, las observaciones que inicialmente le hicieran sobre la maqueta presentada del monumento La Leyenda.

Le hicieron varias observaciones sobre la imagen del diablo: “es demasiado religiosa”, “el rostro del vencido es muy siniestro”, “es mejor un ángel”, “deja solo la imagen de El Hombre”, “tiene el parecido de algún personaje político”, en fin… como el protagonista de su obra, Javier Julio venció con su premisa y su certeza sobre el mensaje que manifestaba y se anunció oficialmente, hace unos días, que en dicho monumento está próximo a ser instalado en la glorieta ‘Francisco El Hombre’ de Riohacha, tal como lo imaginó, lo bosquejó, lo moldeó y lo fraguó, haciéndole algunas leves transformaciones en el camino. Su valor simbólico, dice el artista, se plasma en la imagen del querubín protector que encuentra la maldad y por ello es expulsado del monte de Dios, exponiéndolo a los ojos de todos. De ahí la figura del ángel caído pisado por el hombre, en una particular alegoría a la derrota del mal. La valoración estética por su parte se expresa en el gesto abrigador del juglar cuando ejecuta el acordeón, conmovido y aferrado a él, escuchando muy de cerca sus melodías en una estrecha comunión de cuerpo y esencia con el instrumento, revelando una pasión y un sentimiento, que pretende trasmitir y describe el artista plástico.

El monumento está elaborado en fibra de vidrio pigmentada y reforzado en acero.

 

La escultura es una obra tridimensional de 5.4 metros de alto por 3.5 de ancho y 4.0 de largo, es elaborada en la técnica de fibra de vidrio pigmentada y reforzada con acero, lo cual garantiza una larga duración en el tiempo y el espacio. Estará empotrada sobre un pedestal de concreto de 4.5 metros de ancho por 4.5 de largo y 2.7 metros de alto, que la convierte –en su unidad– en el monumento de mayor volumende la ciudad.

Se trabajó durante 120 días con sus noches en un patio-taller en las entrañas del barrio Villa Fátima, en el nororiente de la capital guajira, donde las voces cotidianas del wayuunaiki preguntaban inquietas por los extraños movimientos y ruidos que acontecían en aquel rancho y el olor fresco del nordeste por la tardecita anunciaba, a Javier Julio y a los 11 ayudantes, que había que descansar porque la oscuridad estaba cerca. Para la tercera semana de 2018 el monumento estaba terminado. Era cuestión de días para surtir algunos trámites administrativos, ubicarlo en su lugar, hacer una breve pedagogía sobre su significado y preparar el protocolo para la develación a la sociedad riohachera de la nueva obra de arte, producto de un proceso improvisado de intervención urbana.

Pues bien, los pocos días ya suman 435, han pasado 4 alcaldes por la administración distrital y 3 gobernadores, hemos celebrado dos versiones del Festival ‘Francisco El Hombre’, se firmó el Acuerdo de Paz en Colombia, nos visitó un papa después de 31 años, tenemos un nuevo presidente hace 9 meses, vivimos en La Guajira una intensa ola invernal y ahora una intensa sequía, vimos 4 fenómenos lunares en 1 –super luna, luna azul, eclipse lunar, luna de sangre–, fenómeno visto por última vez en 1866, durante este tiempo hemos recibido más de 120 mil migrantes venezolanos, estamos conmemorando en 2019, 520 años del encuentro de dos mundos y 170 años del natalicio de Francisco Antonio Moscote Guerra… ¿y el monumento?… ahí está, mirando en dirección del nacimiento del sol, untado de salitre y omisión… postergado…

Comenzado un nuevo periodo administrativo, llegaron cuestionamientos a los ejecutores del convenio y el artista se vio obligado a armar el monumento en su taller para la evidencia requerida. Ahora tuvo que partirlo en módulos para transportarlo y ensamblarlo otra vez en el sitio de instalación, es decir, tendrá que hacer el trabajo dos veces. Además, Javier Julio Mendoza, requiere una autorización formal de la administración distrital, que le permita ubicar el monumento en la Glorieta de la 15 y la está esperando…

Esperando, tal vez, que el mismísimo ‘Francisco El Hombre’ vuelva a sonar el credo al revés para derrotar esta endemoniada displicencia oficial que nos gobierna y nos condena…