Sierra Nevada de Santa Marta, tierra de nieve e indígenas que ahora debe sobrevivir al cambio climático y a la peor amenaza: el hombre

La Sierra Nevada de Santa Marta es un destino turístico mágico donde confluyen la sabiduría de la naturaleza y la indígena. Cada paso hacia su interior es un encuentro con una belleza y exuberancia únicas en el mundo.

Es la mayor elevación cercana al mar, independiente de la cadena montañosa de los Andes.

Tiene todos los pisos térmicos, desde el cálido seco hasta las nieves perpetuas de cuyo deshielo nacen lagunas y ríos, a 3.000 metros sobre el nivel del mar. Alrededor de los 29 ríos principales viven innumerables aves y monos aulladores que cantan la banda sonora de la Sierra.

La Unesco la declaró Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad, en 1979, dada la red de ecosistemas que albergan innumerables formas de vida y que son hogar de varias comunidades indígenas. Esta imponente montaña se ubica en el norte de Colombia y ocupa los departamentos de Magdalena, La Guajira y Cesar.

Nieve en el Caribe

A tan sólo 42 kilómetros de las cálidas playas del Caribe colombiano se encuentra un escenario maravilloso y gélido para escalar hasta nieves perpetuas. Los dos picos nevados más altos de la Sierra Nevada de Santa Marta son el Colón y el Bolívar, con 5.775 metros de altura, aunque se dice que el primero es un metro más alto que el otro.

La aventura comienza en auto desde la ciudad de Valledupar hasta Pueblo Bello y San Sebastián, poblado arhuaco. De ahí, se emprende un camino a través de senderos que llevan hasta las lagunas y glaciares, a los 3.000 metros de altura. Cuando la montaña se hace más empinada, se requiere un excelente equipo y gran experiencia en montañismo para iniciar el ascenso.

Ciudad Perdida

En medio de la densa flora de la Sierra Nevada de Santa Marta y de su Parque Natural, se encuentra la Ciudad Perdida o Parque Arqueológico Teyuna, cuna de los Tayronas, cultura indígena prehispánica más avanzada.

Su hallazgo tuvo lugar en 1976 por un grupo de investigadores, aunque ya un año antes un guaquero la había descubierto. Tiene alrededor de 13 hectáreas de área.

 

Cuando los tayronas vivían, los diversos pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta se comunicaban por medio de caminos de piedra. Habitaban bohíos circulares sin ventanas y con techos de palma sobre terrazas de piedra.

Lo sorprendente de Ciudad Perdida es la complejidad de su arquitectura, que contempló un sistema de canales para transportar el agua lluvia por la población y las terrazas para conservar la fertilidad del suelo. También hay pinturas rupestres y petroglifos (dibujos grabados en piedra), entre los cuales la Piedra de Donama se destaca por las múltiples interpretaciones de sus tallas.

Indígenas de la Sierra

La cultura que habitó la Sierra Nevada, antes de la llegada de los españoles y la Colonia, fue la Tayrona. Con la conquista, su población de alrededor un millón de personas disminuyó hasta desaparecer. Hoy, sobreviven cuatro comunidades indígenas que conservan diversas tradiciones ancestrales y que suman alrededor de 30 mil personas entre los kogui, los arhuaco, los wiwa y los kankuamo.

La comunidad kogui ocupa la zona norte de la Sierra Nevada, en los valles de los ríos Don Diego, Palomino, San Miguel y Ancho. Sus integrantes viven en casas circulares llamadas bohíos y se rigen bajo la autoridad del Mamo, anciano que encarna el saber ancestral y es el puente entre lo espiritual y lo terreno.

Su nombre significa “cálido”, lo cual se debe probablemente a que ocupan la zona baja de la Sierra. También significa “dar origen”, “propiciar” o “engendrar”. Otra manera de llamarlos es Sanjá, que significa nativo, indígena. Ocupan la zona de la Sierra que está en el departamento del Cesar, cerca a la frontera con el departamento de La Guajira.

 

También se conocen como ika o ijka y viven en los valles altos de los ríos Piedras, San Sebastián, Chichicua, Ariguaní y Guatapurí, al sur de la Sierra Nevada de Santa Marta. Su capital se llama Nabusimake y queda en la zona central. La lengua que hablan es de la familia chibcha.

Son conocidos como kankuaka, kankui o kankuané. Sus tradiciones, idioma y cultura están en un proceso de recuperación intenso, ya que gran parte de su memoria se ha perdido. Ocupan la zona oriental de la Sierra Nevada, en el departamento del Cesar.

Otra comunidad indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, proveniente de La Guajira, es la wayuú, la cual tiene un menor tamaño que las otras cuatro descendientes de los Tayrona.

Artesanías de la naturaleza

La riqueza de la tierra de la Sierra Nevada proporciona a los indígenas y artesanos de la zona materiales para crear objetos de gran belleza. Se destacan los tutú o mochilas tayrona, tejidas por mujeres indígenas con lana, fique y algodón. Las mochilas simbolizan la creación de la vida.

Materiales como el nácar, el coco, las semillas, las cortezas, la tagua, el hueso y el caracol entre otros materiales se emplean en la fabricación de collares, aretes, anillos, relojes y pulseras. Otras artesanías que se pueden conseguir son sombreros vueltiaos (típicos de la zona Caribe colombiana), sandalias, llaveros, correas, etc.

Además, con piedra jabón tallada, totumo (fruto cuya cáscara se endurece al secarse) y barro se hacen elementos para decoración como cerámicas, vasijas, cucharas, etc.

Actualmente la Sierra Nevada es protegida y cuidada por más de 30.000 indígenas que aún conservan esas costumbres y tradiciones heredadas de generación en generación hace más de 500 años.

La Sierra Nevada de Santa marta está considerada hoy día como el ecosistema con la mayor concentración de mamíferos, aves, peces y anfibios amenazados en el mundo.

La atraviesan 35 ríos, alberga más de 380 lagunas y hasta hace poco ostentó una de las mayores ofertas hídricas del planeta. Ahora debe sobrevivir al cambio climático y a la peor de las amenazas: el poder depredador del hombre.