Niños mendigos

Mientras a La Guajira siguen llegando turistas visitando especialmente la zona de la Alta Guajira, se vive también el cuadro de niños que forman cadenas humanas para permitir el paso por un poco de dinero.

El deber del Estado colombiano es proteger a los menores, garantizarles una vida digna y no dejarlos solos en su proceso de crecimiento, como está ocurriendo con estos niños wayuú que sin querer son los mendigos de una de las vías turísticas más importantes de Colombia.

Niños cuyos padres wayuú los siguen utilizando para lograr un poco de dinero, tal vez porque no encuentran un trabajo digno para poder mantenerlos como ellos se lo merecen.

Ese horrible panorama requiere que de manera urgente las autoridades empiecen a tomar medidas drásticas que cada día son más frecuentes en un departamento que como La Guajira no ha logrado satisfacer las necesidades básicas de su población.

El llamado apremiante al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para que intervenga en la situación y junto a las autoridades tradicionales, busque alternativas para que los niños wayuú regresen a las aulas escolares y al seno de sus hogares.

El Icbf no puede hacerse el indiferente frente a este drama que sigue creciendo, y es su deber realizar todas las gestiones que correspondan para que los padres de estos menores no usen a sus hijos para sobrevivir.

También se convoca al Gobierno departamental y a la administración de Uribia, para que junto a las autoridades tradicionales empiecen a generar conciencia en los padres de familia, para que entiendan que sus hijos deben permanecer en casa y asistir a la escuela para su proceso de aprendizaje.

Las autoridades wayuú juegan un papel importante en esta situación, ellos deben asumir la responsabilidad que les corresponde y trabajar de la mano con estas familias para que entiendan que son los primeros responsables de la crianza de sus hijos, y quienes deben trabajar para  brindarles las mínimas condiciones de vida.

Los niños wayuú merecen respeto, crecer de una manera digna, tienen derecho a gozar de salud, educación y recreación, a ellos se les debe garantizar la vida y alejarlos de la mendicidad.

Es deber del Estado protegerlos, garantizarles su crecimiento y formarlos porque ellos representan el presente y el futuro, y no tirarlos a la calle para que sobrevivan en medio de las dificultades.