18 años sin la ‘cacica’ vallenata

El 30 de septiembre se cumplieron 18 años de la partida de nuestra adorable Consuelo, la ‘Cacica’ Vallenata. Qué mejor ocasión para recordar a la heroína de esta gesta cultural que revolucionó a la música vallenata en todo su esplendor.

En Valledupar y en el mundo cultural colombiano de los últimos tiempos, la ‘Cacica’ no ha sido si no una: Consuelo Araújo Noguera. Tal era la atracción irresistible que ejercía sobre los demás el encanto de su espíritu.

Ese dolor todavía lo llevamos en el alma, cuando en ese fatídico 30 de septiembre del año 2001, recibimos la noticia amarga de la muerte de ella, ocasionada por esos asesinos impíos que ha dado la patria, para desdicha de nuestro infortunio. Desde niña fue su vocación la del cultivo del espíritu, un febricitante y exhaustivo trabajo cuya dignidad los antiguos resultaban llamándole ocio, por no tener la macula de la retribución pecuniaria. Generosidad, nobleza y talento eran las tres características esenciales de esta mujer ejemplar que se distinguió durante su existencia por una devota admiración y defensora del folclor vallenato al que dedicó toda su vida. Un optimismo creciente en el porvenir del país y de los colombianos, una alegría contagiosa y entusiasta y unos ideales de superación que a todos causaban asombro.

Tuvo Consuelo Araújo Noguera la particular fortuna de encontrar un compañero admirable que supo infundirle tranquilidad y estímulo y compartir con ella una vida llena de asombros y de milagros. Edgardo Maya Villazón, exprocurador general de la Nación, excontralor general, el segundo amor de la ‘Cacica’, no vaciló en unir su existencia a la de aquella mujer alegre y bullanguera pero de un temple extraordinario, mayor que él, con un hogar a cuestas y cinco hijos producto de su primer amor, pero llena de fogosidad y dotada de un alma superior que, como una reina transformaba en oro de espiritualidad todos los temas profanos que tocaba con su mano diestra y alada. Producto de su segundo amor nació Edgardo José, con el mismo espíritu de su madre y la misma condición humana.

Consuelo hacía mucho énfasis en la distinción entre persona y personaje. Mientras otros se inclinan ante los personajes, decía ello, el costeño solo reconoce valor en las personas. Esto explica la familiaridad que puede trabarse allí entre un intelectual y un campesino, por ejemplo, sin que se pierda por ello el mutuo respeto. Consuelo Araújo Noguera no solamente predicó esta tesis sino que la practicó, al unirse en una amistad por más de 30 años con su inseparable ‘Polla’ Monsalvo en el trajinar de la creación y fundación de la Leyenda Vallenata.

Con otro gran colombiano, el siempre recordado maestro Rafael Escalona, quien a pesar de ser menor que él se convirtió en su confidente, en su llave. Todas las travesuras de Escalona, Consuelo las conocía a la perfección. Cuánta tristeza y nostalgia sintió Rafa en la muerte de su comadre. Así mismo con el expresidente López Michelsen, fue como su hada madrina, y él su ángel guardián en el transcurso de vidas paralelas en el transcurrir de la vida macondiana de Valledupar.

La partida definitiva y tempranera de la ‘Cacica’ dejó al folclor vallenato en una soledad total. ¿Cómo encontrar a una amiga tan entrañable y tan fiel? ¿Cómo remplazar a la siempre presidenta del Festival de la Leyenda Vallenata? Hoy el festival continúa sintiendo la ausencia definitiva de su gestora, a pesar de que su hijo Rodolfo, lo ha hecho muy bien, en parte ha superado a su madre y el festival se encuentra en la cúspide no solo en Colombia, sino a nivel internacional como el primero en su género.