A los pies de Mammon

La inmensa mayoría de los medios de comunicación han sido utilizados desde su origen para visibilizar y vender los productos de sus dueños, especialmente sus ideas, ello como estrategia para mantener su dominio sobre las grandes masas excluidas y de esa forma maximizar y resguardar sus ganancias, realidad esta que ya había sido denunciada por John Swinton en 1880 al declarar que “El negocio de los periodistas es destruir la verdad, mentir abiertamente, pervertir, vilipendiar, adular a los pies de Mammon y vender su país y su raza por su pan de cada día. Somos las herramientas y vasallos de hombres ricos detrás de escena. Somos prostitutas intelectuales. Ustedes lo saben y yo lo sé”.

Esa capacidad para mentir abiertamente y adular, como “perritos simpáticos”, a los dueños del capital y el poder, ha producido una ruptura, ya irreparable, entre las empresas mediáticas y sus lectores, que ha llevado a la quiebra a un número creciente de ellas mientras otras buscan sobreaguar con la venta de suscripciones y membresías y llamadas a la financiación popular, mientras sus exlectores buscan refugio en las redes sociales donde también, hay que decirlo, aparece la prostitución no solo intelectual sino, además, ideológica.

Ese vasallaje de los medios sobre quienes opinan y escriben ha silenciado, durante años, las voces disidentes, alejadas del discurso oficial y dominante y fortalecido a una clase que, contrariando los códigos éticos y deontológicos, hace irrebatible la tesis de Swinton y convierte en cosa inane los principios habermasianos de verdad, rectitud y veracidad en su empeño obsesivo por legitimar al poder, buscando enemigos lejanos e inexistentes a quienes arrojar invectivas y culpas, escondidos tras el principio de que “águilas no cazan moscas”.

Estos eruditos de la falacia, muchos de los cuales son eximios desconocidos, buscan refugio en los medios de comunicación pequeños en mercado y en economía y desde allí se arrojan, lanza en ristre, contra líderes sociales y gobiernos progresistas a quienes etiquetan con mil calificativos, en una diatriba enfermiza, sin aportar a sus afirmaciones una sola evidencia que demuestre al lector la veracidad de sus improperios. Que tal actitud sea asumida por representantes de las élites económicas, sociales o políticas es entendible y justificable, dado que están obligado, por solidaridad de clase, a defender sus privilegios; lo difícil es entenderlo o justificarlo cuando esa posición es asumida por gente de la humilde calle, que además se autodefine como líder sindical y miembro del comité ejecutivo de una central obrera.

En su último libelo, como ya es costumbre, un personaje de estas características, dando muestras de su fijación psicótica, pretende comparar al presidente boliviano Evo Morales Aima, el mejor presidente que ha tenido Bolivia en sus 194 años de vida republicana, con Gonzalo Sánchez de Losada dejando escondidas, como también es costumbre suya, unas pequeñísimas diferencias: al ‘Goni’ lo sacaron porque pretendió regalar el gas de Bolivia a los norteamericanos, a Evo porque no quiere regalar el litio a los gringos ni el gas a los brasileños; Sánchez de Losada dejó, al partir, más de 50 civiles asesinados por la acción represiva de las fuerzas del Estado, hechos por los que fue condenado junto con su ministro de defensa, José Carlos Sánchez, en una corte de Estados Unidos, mientras que Evo hizo dejación del cargo para evitar que esas mismas fuerzas asesinaran al pueblo boliviano.