A propósito de magnicidios

Las encuestas presidenciales van marcando un deseo de cambio y los que están en el gobierno, responsable del desastre y de la barbarie del momento, a través de sus medios ponen en la mira a quien se constituye en alternativa de poder. “Gustavo Petro es el protagonista del paro y sus redes sociales atizan la hoguera”.

Es parte del editorial tendencioso de la Revista Semana. En eso de atajar a grandes líderes, las élites que han gobernado a esta nación combinan todas las formas de lucha. Desde el uso de la prensa para desprestigiar, de la justicia para acusaciones falsas hasta la eliminación física del oponente.  Nuestra historia está bañada en sangre de gente grande en pensamiento y sensibilidad social. 

Colombia tiene el récord mundial en asesinatos de candidatos presidenciales. Han sido los mismos investigadores de la Fiscalía General de la Nación quienes han encontrado patrones comunes en esos crímenes de lesa humanidad. Se destacan las calidades personales de Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro León Gómez, Luis Carlos Galán; todos ellos con una propuesta para la eliminación de la exclusión social y del latifundio improductivo que los hacían “peligrosos” para los intereses del poder económico de la aristocracia. Lo mismo que hoy plantea Gustavo Petro Urrego.

Ellos en su momento tenían extraordinaria aceptación del pueblo y eran los mejores posicionados entre los aspirantes a la presidencia. La eliminación física fue la única forma de detenerlos. Unas características comunes de estos personajes eran la lucha por la restauración moral de la República, así como sus denuncias sobre los vínculos entre el poder político tradicional y el tráfico de drogas. Esas posiciones políticas los convirtieron en una amenaza para los turbios intereses de la oligarquía colombiana. Petro retomó esas peligrosas banderas. 

Otro factor común en estos asesinatos ha sido la evidente participación de agentes del Estado. El homicidio de los autores materiales de estos crímenes o meter preso a un inocente, se ha detectado en desarrollo de las investigaciones para desviarlas o entorpecerlas. La Fiscalía al tratar de encontrar a los máximos responsables no descarta la vinculación de dirigentes políticos, agentes del Estado, paramilitares y mafias de narcotraficantes. Con Galán se demostró una correlación directa entre el narco-paramilitarismo y el organismo de inteligencia que lo facilitó. Petro ha dado el más grande debate en contra de ellos.

Hace 73 años los colombianos pusieron la esperanza en el lúcido Gaitán; hace 32 la renovaron con Galán, ambos cayeron asesinados por sicarios.

Sus firmezas ante las mafias políticas les costó la posibilidad de ser presidentes de Colombia. En el caso de Galán las conexiones entre el cartel de Medellín, las Autodefensas del Magdalena Medio y el DAS permitieron acabar con su vida. Petro, precisamente, fue el senador que denunció a esos macabros sectores y las investigaciones que se abrieron metieron preso a muchos.

La otrora propuesta de Galán, retomada por Petro, de la eliminación del latifundio improductivo, hoy incrementado por el desplazamiento forzado, para la producción de alimentos, tiene a esos grandes terratenientes, muchos de ellos partícipes de la guerra, con miedo por el ascenso de Gustavo Petro.

Quienes han pretendido cambiar el atraso feudal de los fértiles campos colombianos, con una desigualdad exagerada, una injusticia social y la más grande de las corrupciones a todo nivel, han sido asesinados. Según esa macabra lógica, Petro que propone lo mismo, estaría en la mira.

Es la costumbre de la clase oligárquica de mantenerse aferrada al poder por más de doscientos años utilizando todo tipo de armas. El colombiano de a pie ve a Petro como uno de los suyos. En eso radica su ascenso en las encuestas. No es de extrañar, si no lo matan o trampean, que gane la presidencia en 2022. Su perfil queda por fuera de ese vínculo entre las élites políticas, económicas y los grandes medios de comunicación. Estos últimos hoy lo tienen en la mira.