A propósito del Premio Nobel de Literatura 2020

Todos los años en el mes de octubre se da a conocer el ganador del Premio Nobel de literatura. Casi siempre causa sorpresa. Eso se debe a que en la mente tenemos otros nombres más conocidos por nosotros y esperamos acertar con nuestras predicciones. Pero poco a poco vamos familiarizándonos con el escogido por el Comité del Premio Nobel. Así ha ocurrido este año con Louise Glück, estadounidense nacida el 22 de abril de 1943 en Nueva York. Nada o muy poco sabíamos de ella; pero por los comentarios y la difusión de sus obras, que abundarán por estos días, nos enteraremos de su valor literario. Por ahora, nos conformamos con saber que la Academia sueca para otorgarle el premio tuvo en cuenta “su inconfundible voz poética que con austera belleza universaliza la existencia individual”. 

En cuanto a datos relacionados con su quehacer literario, es profesora de inglés en la Universidad de Yale, New Haven, estado de Connecticut. En 1968 comenzó su actividad literaria y en 1993 ganó el Premio Pulitzer. Obtuvo el Premio Nacional del Libro en el 2014.

El 10 de diciembre de este año Louise Glück recibirá el Nobel de Literatura 2020. Será el premio a su labor, que incluye 12 colecciones de poesía y varios volúmenes de ensayos. Los críticos literarios y la prensa mundial están descubriendo apenas la producción de esta poetisa. Sabremos de ella lo necesario durante los dos meses que faltan para que reciba la anhelada presea de manos del rey de Suecia.

Sobre el Nobel de Literatura se ha especulado mucho. Hace dos años un escándalo obligó a aplazar la entrega del codiciado premio. Por otra parte, los latinoamericanos nos hemos quedado muchas veces “con los crespos hechos” esperando que los aportes de nuestros escritores fueran tenidos en cuenta para recibir el máximo galardón de las letras universales. No necesitamos mencionar en estos momentos la inútil expectativa creada varias veces sobre Jorge Luis Borges. 

Existen excusas y justificaciones para comprender por qué ocurren exclusiones como la del ilustre escritor argentino, entre ellas su definida y férrea posición ideológica. Pero si se tratara solo de eso, habría que pensar en Julio Cortázar, alejado diametralmente de su paisano Borges en cuanto a concepción política; sin embargo nunca fue postulado para el Nobel, no obstante haber “revolucionado” la lengua castellana con su novela ‘Rayuela’, un verdadero “modelo para armar”.

Latinoamérica tiene escritores y poetas que están en la selecta galería del Nobel: Gabriela Mistral, 1945, chilena; Miguel Ángel Asturias, 1967, guatemalteco; Pablo Neruda, 1971, chileno; Gabriel García Márquez, 1982, colombiano; Octavio Paz, 1990, mexicano y Mario Vargas Llosa, 2010, peruano. Sin embargo, por fuera han quedado nombres como Juan Rulfo, el narrador de ‘Pedro Páramo’ y ‘El llano en llamas’; ‘Alej’o Carpentier, el pionero de lo real maravilloso y autor de ‘¡Ecué-Yamba-Ó!’ , ‘El reino de este mundo’ y ‘El siglo de las luces’. Nunca debió quedar por fuera del Nobel de Literatura el poeta nicaragüense Rubén Darío, creador del Modernismo literario. Pero no somos los únicos: desde su primera adjudicación, al poeta y ensayista francés Sully Prudhomme en 1901, la crítica autorizada ha considerado injusta la exclusión de autores como Emile Zola, León Tolstoi, Marcel Proust y Franz Kafka, entre una larga lista.

En relación con el Nobel de Literatura vale la pena recordar que en 1964 Jean-Paul Sartre se dio el lujo de rechazarlo y en 1970 el escritor soviético Aleksander Solzhenitsin no pudo recibirlo por cuestiones políticas.