¿A quién te quejas?

De acuerdo al último censo en el país hay aproximadamente once millones de jóvenes entre los dieciocho y los veintiséis años, es decir, si todos tiraran para un mismo lado podrían elegir presidente, sin embargo, las estadísticas indican que es el segmento de la población que menos participa activamente en política a tal punto que ni siquiera votan. 

Lo bueno de las protestas que están ocurriendo es que son encabezadas por los jóvenes en contra de un régimen semi dictatorial que, aupado tras bambalinas por un diabólico personaje, pretende seguir gobernando al país entero como si fuera su finca y los habitantes sus jornaleros. Me atrevo a decir que una vez pase la efervescencia de los acontecimientos se meta la copa América, la Eurocopa, las eliminatorias al mundial, el Giro de Italia y uno que otro escándalo de la farándula nacional, las cosas volverán a su nivel y el año entrante los revoltosos de la actualidad votarán por los mismos vendedores de falsas ilusiones, incluso por el que diga Uribe, que todo lo arreglan con un concierto gratuito de Silvestre Dangond y unas cuantas botellas de perro con perro.

Los muertos quedarán en la memoria de sus familiares cercanos y en el recuerdo de aquellos que en sus cuerpos conservan las heridas producidas por los impactos de las balas de goma y de plomo que un policía estrato uno disparó en contra de un indefenso ciudadano del mismo estrato.

Los colombianos tenemos una extraña capacidad para el olvido, somos emotivos, vivimos el momento, situaciones extremas como el robo de las elecciones al General Rojas Pinilla, la toma del Palacio de Justicia donde se le propinó a Belisario Betancourt un golpe de estado, la tragedia de Armero, el estatuto de seguridad de Turbay Ayala, el régimen de terror impuesto por Pablo Escobar, entre otros, fueron acontecimientos que marcaron nuestra historia y que olvidados rápidamente a tal punto de permitir que un actor importante de nuestra vida política: El Narco – Para – Estado. Mi mamá me decía, ante una situación engorrosa que pude evitar, que a quien me quejaba si mi mal me lo busqué, mi tía Santo Ocando Valdeblanquez me remachaba diciéndome que sarna con gusto no pica y si pica no mortifica, pues bien, ante las evidencias tocará decirles a nuestros jóvenes lo mismo cuando en un futuro no muy lejano recuerden que tuvieron la oportunidad de cambiar para siempre la historia de nuestro país y que la dejaron pasar porque el día de las elecciones, se quedaron en casa rascándose las huevas, chateando con los amigos, mirando videos alienados por el whisky y el vallenato.