Abogados litigantes

Hoy me quiero referir a ese profesional del Derecho que lucha cada día con esmero y tesón para brindar asesoría jurídica y defender o representar a una de las partes de un proceso judicial. Hombres y mujeres que tomaron la decisión de hacer propias las causas (problemas), de los demás a cambio de unos honorarios. No es poca cosa tener que defender los intereses de otra persona que confía sus asuntos en el abogado.

En Grecia, Roma, Babilonia, Persia y Egipto, la defensa de los particulares estaba encomendada a los sabios, quienes hablaban ante el pueblo congregado.

Estamos en la obligación siempre a estar bien informados y de ofrecer un servicio de calidad. Los abogados para asumir la defensa de un cliente, dedicamos horas de estudio, de análisis detallado del proceso para sacarlo adelante. El abogado litigante sabe cómo ningún otro, que es necesario que los hechos narrados por su cliente, se puedan probar y luego adecuarlos en ese equilibrio perfecto entre las disposiciones legales, la jurisprudencia y la doctrina, para aumentar las probabilidades del éxito.

Es una lucha diaria, salir de su casa hasta su oficina, revisar, estudiar los pormenores del proceso, después la visita a los despachos judiciales.

Así son los días y en medio de ellos, lidiar no sólo con la contraparte (abogado de la otra parte), sino, con algunos secretarios de los despachos, que en medio de tanta presión y el cúmulo de procesos que tienen, en ocasiones no están en la mejor disposición anímica para atender al abogado litigante.

Muchas veces la dificultad la representan nuestros propios clientes, que después de un triunfo, de una sentencia favorable, consideran que el abogado no se merece los honorarios pactados, desconociendo todo el esfuerzo y el sacrifico.

A Dios gracias que más allá de las circunstancias cotidianas, los abogados disfrutamos este trabajo que está fundamentado en ese amor infinito, por una de las mejores profesiones del mundo, la abogacía, el derecho. 

El Gobierno nacional decretó un aislamiento obligatorio (cuarentena), motivado por la pandemia del Covid-19. Ese hecho histórico nunca antes visto en Colombia ha afectado la economía del país. Si los juzgados no están funcionando, los abogados no lo estamos haciendo tampoco con las consecuencias negativas para las familias. Las profesiones independientes, como los economistas, contadores públicos, sociólogos y abogados, entre otras, son profesionales libres pensadores y con alta resistencia agremiarse. No existe por ejemplo en nuestro departamento de La Guajira agremiaciones de profesionales, que permita en este momento de crisis luchar unidos por los intereses de los asociados. 

Cada quien hace lo que puede y en solitario.

En Maicao los abogados se agremiaron en Codama, Colegio de Abogados de Maicao y luego años más tarde en Riohacha también se organizaron los abogados; pero a decir verdad y es una autocrítica, somos más un grupo de amigos que una agremiación bien organizada.

¿Que fuera de la humanidad sin los abogados?, una sociedad cada día más desigual y llena de conflictos sociales. 

Existen las normas legales y los jueces para regular el comportamiento social; pero ello no sería posible sin la participación de los abogados.

No se prevé a corto plazo que el país vuelva a la normalidad, el hambre ha hecho que pueblos y ciudades no respeten la cuarentena y hombres y mujeres salieron a las calles a resolver sus necesidades básicas. El riesgo es mayor, eso incrementará el número de infectados. 

Las circunstancias no están dadas para luchas individuales. No es mentira y es verdad que la unión hace la fuerza; se hace necesario trabajar en unidad para mejorar algunas de nuestras condiciones. El llamado a los abogados litigantes independientes es que se agremien y donde existan las asociaciones que se fortalezcan. No es obligatorio las reuniones presenciales, se pueden utilizar las plataformas digitales. No hay excusas si se tiene el ánimo de asociarse.