Actuar y ser mejores

Sabemos que la vida consiste en que como personas seamos mejores, y en ello importa escoger bien, en lo que atenderse deben, entre otras consideraciones, oportunidades y opciones para tomar decisiones con base en criterios fundamentales que a todos beneficien. Se trata de buscar las más válidas alternativas y generar confianza. 

Hacernos libres como sociedad, soportarnos en el desarrollo del potencial individual con un importante componente solidario y de equidad que lo aportan los propios individuos y sus organizaciones más cercanas, además de poder contar lógicamente con el hacer gubernamental, en escenarios de respeto a los derechos fundamentales con sus correspondientes responsabilidades, una sociedad sometida, que es la otra cara de la moneda, se basa en la exigencia descarada y perniciosa de un interminable mundo de derechos… sin deberes, obligaciones ni responsabilidades a tales derechos ligados y de un gobierno que debe cumplirlos, lo que es desvergonzado y cínico. 

Tenemos como ciudadanos la obligación de actuar y ser mejores, cambiar, tratar de ser siempre una mejor versión de nosotros mismos, transformarnos y ayudar a transformar, crecer, cuidarnos, atender prioridad, edificar relaciones duraderas, ayudar al bienestar general, honrar y honrarnos como personas, en la verdad que todos sin excepción, y con la meta puesta en el beneficio u favorecimiento colectivo, podemos actuar mejor y ser mejores de lo que somos y de lo que hemos sido, lo que obliga que despertemos y nos pongamos la armadura de lo positivo y así ir raudos por los caminos ciertos de la integral prosperidad. Importa en esto los esfuerzos, conducirnos como buenos ciudadanos, tomar las mejores decisiones que bien puedan potenciar un superior porvenir, hacer siempre algo positivo, actividades que sean perfectamente buenas en sí mismas, lo mismo que hacer que nuestras mutuas confianzas aumenten, lo que nos hará avanzar por todos los caminos.

En el imperativo de ser mejores, interesa sobremanera el fomento e impulso de una prosperidad compartida, que, junto con la eliminación de la pobreza extrema, constituye puntal de desarrollo, lo que señala que debemos realizar una labor colectiva para ayudar a todas las personas vulnerables y centrar la atención en la equidad como uno de los aspectos centrales en este derrotero, así como combatir inequidad, exclusión y desigualdad. Es crear oportunidades económicas para los menos favorecidos por la fortuna, llevar el crecimiento a sus casas, colaborar con quienes han superado la pobreza extrema para obtener los recursos que necesitan para aumentar su nivel de vida y sean sostenibles social, fiscal y ambientalmente. Es claro qué si la prosperidad no se comparte de manera amplia, ni se soporta en un proceso de desarrollo que sume a todos los miembros de la sociedad, las tensiones volverán a fracturarse sin duda alguna.

 Es hora de entender que la prosperidad debe ser compartida por personas, comunidades, naciones y entre generaciones, en lo que debemos actuar con inmediatez, al tiempo de obligarnos a frenar el cambio climático. Se trata de revisar todo lo que nos es perjudicial y abordar con responsabilidad y mediante acciones concertadas aquello que en nada beneficie el noble propósito de actuar en beneficio colectivo que nos lleva a todos a ser mejores.