Adiós al primo universal

“Era que Dios se sentía solo y necesitaba un compañero allá en el cielo”

El aparte preliminar corresponde a la canción ‘Un ángel más en el cielo’, de la autoría de ‘Poncho’ Cotes Jr. que los Hermanos Zuleta le incluyeron en el LP ‘Mañanitas de invierno’ en el año 1993.

Vino esa canción a mi mente porque si Dios llamó a Édgar Acosta a su presencia, es precisamente porque necesitaba un hombre de su talante y su convicción espiritual para que le hiciera compañía en aquel lugar insondable donde la luz no tiene límites, y la existencia tampoco, porque es allá donde comienza la verdadera vida.

Una vez más, en menos de 30 días, la familia se une en torno al dolor, hemos entregado esta vez al primo universal, otro hombre bueno y bondadoso, fiestero y buen anfitrión, y era todo para el fiesta y alegría, Santa Rita la chiquita quedó sin su celoso depositario, nos queda ella como sombra tutelar, su fiesta igual no volverá a ser, porque hemos perdido la alegría.

Extrañaré mucho a ese primo, quien para mí fue mucho más que eso, un hermano, cercano a mí en mis subidas y en mis bajadas, en mis ascensos y en mis tropiezos, con él compartimos durante los últimos años los momentos más gratos de nuestra existencia, y también estuvimos allí en las atribulaciones y sus cuitas, por eso guardo en mi corazón y en el baúl de mis sentimientos, sus lágrimas derramadas mientras pedía mis luces ante las adversidades que bastantes tuvo, las afrontó y las superó.

Con su partida, se va un caudal de alegrías, que el altísimo requiere en las alturas, con él se va el bautizo con vino de cada 31 de diciembre, se lleva consigo, los secretos para las estrategias en nuestro juego de dominó mientras esperábamos la sorpresa que nos aguardaba en el fogón, nos deja el viaje emprendido por Édgar a la eternidad con la sensación lacerante y brutal del vacío inesperado, y con la íntima convicción de que hoy hay más alegría en los aposentos celestiales que ayer.

La familia perdió al hombre honesto y trabajador que todos los problemas los resolvía alrededor de un fogón y con la concurrencia de su gente, pero la sociedad ha perdido a un ciudadano ejemplar, que no vino a este mundo para vivirlo, sino para contribuir a su transformación, a un empresario diligente, gestor, emprendedor y responsable que con sus manos limpias aportaba a la economía lícita y daba oportunidad a quienes nada tenían, un caballero de pies a cabeza para quien no era indiferente el dolor ajeno, y no daba, lo que no tenía, soy testigo excepcional de múltiples  actos de justicia y de piedad para gente vulnerable que teniendo derecho a mucho no recibía nada.

Como lo dicen las santas escrituras, a los hombres, “por sus obras os conoceréis”, esas obras fueron su carta de presentación, unas físicas, y otras edificantes para el espíritu, sin que una mano supiera lo que daba la otra, fue un hombre generoso en demasía, y fue feliz a su manera, como Shakespeare, precisamente porque no esperaba nada de nadie, él daba a quien necesitaba sin esperar nada a cambio, y la ingratitud que también la vivió, no pudo nunca cambiar su corazón, por eso me duele el mío, porque yo si lo conocí, a su lado estuve muchas veces, para compartir con humildad sus victorias, y también lo acompañé muchas veces cuando me ponía en conocimiento altivo y digno sus adversidades que también las tuvo, Ana tu fiel compañera, quien te acompañaba en aquellas largas noches de tu desvelo y el ‘Negro’ tu incondicional coequipero lo saben.

Mis temores se confirmaron, muchas veces hablamos de esta posibilidad, y le preocupaba lo que pudiera pasar con su gente en caso de que le tocara partir sin previo aviso, lo angustiaban las consecuencias de su eventual partida, y sentía que el tiempo le estaba tomando ventaja, pero lo animaba su férrea devoción por Rita Nuestra Santa Patrona, por eso estoy seguro que murió con la convicción invencible de que no era esa su hora final.

Hoy para recordarles a las hijas de Édgar que no quedan solas, a pesar de la muerte terrenal de su padre pechichador y complaciente, viene a mi mente, el proverbio que mi vieja me enseñó, que dice así: “No invadas el terreno de los huérfanos, ni intentes cambiar de lugar sus banderas antiguas, porque tienen un poderoso liberador que saldrá contra ti en su defensa”.

Ana, no olvides que Dios cumple su palabra, lo que en la Biblia dice, escrito está, “Jehová guarda a los extranjeros, al huérfano y a la viuda sostiene”.

Deluque, mi hermano, ya que no tuviste tiempo para descansar aquí entre nosotros, ahora oramos a la Divina Providencia para que te prodigue el descanso eterno, allá donde nada es imposible, el amor abunda y las bienaventuranzas te esperan.