Al oído de los aspirantes a la Alcaldía de Barrancas

Antes de entrar a contextualizar lo que concierne al presente artículo, permítanme ponerles de presente a los potenciales lectores del mismo que con antelación al viernes 24 de mayo de 2019, Álvaro Aquileo Solano Cerchar tomó la determinación de renunciar a la posibilidad de ser el próximo alcalde de Barrancas y quien mucho antes había renunciado también a su curul al concejo municipal, siendo reemplazado luego por Trinidad Carrillo Figueroa, en su condición de ser quien le seguía inmediatamente en número de votos dentro del mismo partido; ella es esposa del abogado Évert Almenárez Solano y hermana de los aspirantes a la Alcaldía Misael Carrillo Figueroa y Pedro Carrillo Boiriyú.

Así las cosas, hasta el momento, con corte al 24 de mayo, quedan 9 aspirantes. ¿Quién será el próximo o los próximos en renunciar? ¡Averígualo, Vargas! Lo único seguro es que de aquí en adelante serán muchos los que tomen la misma determinación con algo significativo a cambio. ¿A cambio de qué? ¡De qué será, por Dios…! ¿Acaso habrá alguien que dé puntada sin dedal…?

Ahora bien. Vayamos a lo que vinimos. Teniendo en cuenta que ninguno de los 9 aspirantes es adinerado y que ninguno es carismático, quien quiera que desee triunfar al final de la jornada, tendrá que tener en cuenta aquel dicho popular que nos enseña que “al que a un buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”, lo que debe indicarles a las claras que debe valerse de uno o más barones electorales y de quién o quiénes se decidan a financiarles la campaña. Desde el preciso momento en que alguno o algunos de ellos tomaron la determinación de aspirar a ser el próximo alcalde, debieron saber que el municipio está clasificado en la sexta categoría y que, como tal, su burgomaestre actualmente devenga un sueldo de $3.879.493, más los gastos de representación y los viáticos que ha de lograr, que podrían ser teóricamente, según la Ley, si no estoy mal, hasta los 30 días del mes. Por otra parte, una campaña acá en Barrancas está costando un promedio de $4 mil millones, ¿será que con el dinero recibido durante los 4 años de su mandato compense lo invertido en la campaña? Lo dudo.

Otros puntos, no menos importantes, serían: Sin la compra de votos, nadie gana, aunque esa actividad esté supervigilada por el Estado. Que, al ser la campaña política más larga existente en Colombia, no deben tirar la casa por la ventana, sobre todo desde el comienzo de la misma. Que una campaña se gana o se pierde el día de las elecciones, y, generalmente, en la Registraduría; de esto, existen muchos ejemplos. Que el lenguaje ofensivo y el veintejuliero ya están mandados a recoger y que en vez de sumar votos, los restan en forma ostensible; eso repele al elector. Que los votos de los electores de la clase baja y baja-baja valen exactamente lo mismo que los de la media-alta, que, entre otras cosas, es la máxima existente en Barrancas. Que el factor logístico juega un papel preponderante, especialmente el del transporte el día de los comicios. No meter la pata en el manejo del idioma; el aspirante que esté diciendo haiga, no triunfará jamás. Y finalmente, rodearse de excelentes tenientes, capitanes, coroneles y generales políticos.