Álvaro Rodríguez, el mago de la inteligencia

Sobre toda experiencia profesional dejo jirones del alma, participo con aquel a quien escucho y veo como si la cosa me afectase personalmente o hubiese de tomar posición (y, en efecto, la tomo, siempre, a base de una precisa selección) ¿la historia está hecha por todos o por unos pocos? ¿Depende de mil leyes universales o solamente de algunos individuos?

Este es un antiguo dilema que nadie ha resuelto ni resolverá nunca. Es también una vieja trampa en la que caer, y es peligrosísimo porque cada respuesta lleva consigo su contradicción. Desde hace muchas décadas observé el comportamiento profesional y escudero en lo social, en lo privado y en lo público, del jurista villanuevero y especialista en derecho administrativo y procesal de Álvaro Enrique Rodríguez Bolaño. Cuando estudiábamos en Barranquilla y fundamos aquel grupo de estudiantes guajiros ‘Vanguardia Juvenil por la paz Guajira’ transcurría la década de los setenta y ahí llegó este excelso guajiro de la mano de su amigo Rafael Augusto Daza Amaya, donde hizo historia con sus aportes a la organización cívica y con su pasmosa inteligencia. Dejó huellas indelebles en el grupo. Ya Álvaro Rodríguez Bolaño, conocido cariñosamente como ‘Camarón’, iniciaba su periplo por el camino del éxito y de la fama.

Más tarde en los ochenta, se traslada a su Villanueva del alma y funda el Movimiento Cívico ‘Moavi’, Movimiento Amplio por Villanueva, donde consolida su liderazgo que inició en Barranquilla, como estudiante de derecho en la Universidad del Atlántico, donde emergió brillantemente como abogado graduándose en el año 1980 y en ese movimiento se lanza como concejal de su pueblo y es elegido con una amplia mayoría. Luego se lanza a la Alcaldía de la tierra de Cuna de Acordeones, a través de una consulta popular por el Partido Liberal con Narciso Guerra Torres, que pierde gallardamente y busca nuevos horizontes.

Al incurrir en la política como diputado del Departamento por el movimiento  ‘Full’ Frente Unido Liberal, y allí en el recinto de la democracia demuestra su solvencia moral y profesional a toda prueba. Luego  lo nombran gerente liquidador de Empogira y más tarde se convierte en asesor jurídico de la Gobernación de La Guajira. Con esta experiencia Dios y la vida lo premian al ser elegido magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo de La Guajira. En ese cargo se convirtió en capacitador de la escuela Rodrigo Lara Bonilla para jueces y fiscales, mayor de la reserva del Ejército de Colombia, catedrático de la Universidad de La Guajira, magistrado adoc del CNE.

En Valledupar se convierte en un ferviente de la organización Emaus y de la congregación de María, muy católico, tan católico que murió con el rosario en las manos. Su muerte la seguimos sintiendo en lo más profundo del corazón.